Y se presentaron muchos médicos, sabios, astrólogos, magos y drogueros; pero una hora más tarde se veían encima de la puerta del palacio sus cabezas cortadas. Y en poco tiempo se juntaron cuarenta cabezas de médicos y otros mercaderes de drogas, colocadas simétricamente á lo largo de la fachada del palacio. Entonces los otros pensaron: «¡Mala señal! ¡La enfermedad debe ser incurable!» Y nadie se atrevía á presentarse, para no exponerse á que le cortaran la cabeza. Esto en cuanto á los médicos y al castigo que se les aplicó en tal caso.

Pero en cuanto á Budur, tenía un hermano de leche, hijo de su nodriza, llamado Marzauán. Y Marzauán, aunque musulmán ortodoxo y buen creyente, había estudiado la magia y la brujería, los libros de los indios y los egipcios, los caracteres talismánicos y la ciencia de las estrellas; y después, como ya no tenía nada que aprender en los libros, se había dedicado á viajar, y había recorrido las comarcas más remotas, consultando á los hombres más duchos en las ciencias secretas, y de este modo se había empapado en todos los conocimientos humanos. Y entonces púsose en camino para regresar á su país, al que había llegado con buena salud.

Y lo primero que vió Marzauán al entrar en la ciudad fueron las cuarenta cabezas cortadas de los médicos, colgadas encima de la puerta del palacio. Y al preguntar á los transeuntes, le explicaron toda la historia y la ignorancia notoria de los médicos justamente ejecutados...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 194.ª NOCHE

Ella dijo:

...la ignorancia notoria de los médicos justamente ejecutados.

Entonces Marzauán entró en casa de su madre, y después de las efusiones del regreso, le pidió pormenores sobre la cuestión; y su madre le confió lo que había sabido, que entristeció mucho á Marzauán, porque se había criado con Budur y la quería con cariño mayor del que suelen experimentar los hermanos por las hermanas. Reflexionó durante una hora, y después levantó la cabeza y le dijo á su madre: «¿Podrías hacerme entrar en su aposento secretamente, para que trate de ver si conozco el origen de su mal y si tiene remedio ó no?» Y su madre le dijo: «Difícil es, ¡oh Marzauán! De todos modos, ya que lo deseas, apresúrate á vestirte de mujer y á seguirme.» Y Marzauán se preparó inmediatamente, y disfrazado de mujer, siguió á su madre al palacio.