Cuando Kamaralzamán oyó estos versos, notó como si penetrase en él una gran frescura que le apaciguara el alma, é hizo seña á su padre para que invitara al joven á sentarse cerca de él y los dejaran solos. Y encantado el rey al ver que su hijo interesábase por algo, se apresuró á invitar á Marzauán á sentarse cerca de Kamaralzamán, y salió de la sala después de haber guiñado el ojo al visir para indicarle que le siguiera.

Entonces Marzauán se inclinó al oído del príncipe y le dijo: «Alah me ha guiado hasta aquí para servir de mediador entre tú y la que amas. Y á fin de convencerte, escucha.» Y dió á Kamaralzamán tales pormenores de la noche pasada con la joven, que no era posible la duda. Y añadió: «Y esa joven se llama Budur, y es hija del rey Ghayur, señor de El-Buhur y El-Kussur. Y es mi hermana de leche.»

Al oir estas palabras, Kamaralzamán se sintió tan aliviado de su languidez, que notó cómo las fuerzas daban á su alma nueva vida; y se levantó de la cama, y cogió del brazo a Marzauán y le dijo: «¡Voy á irme en seguida contigo al país del rey Ghayur!» Pero Marzauán le dijo: «Está algo lejos, y primero has de recobrar las fuerzas por completo. Después iremos juntos allá, y tú solo curarás á Sett Budur...»

En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 199.ª NOCHE

Ella dijo:

»...y tú solo curarás á Sett Budur.»

A todo esto, el rey, impulsado por la curiosidad, volvió á la sala y vió el rostro radiante de su hijo. Entonces, con la alegría, se le atascó en la garganta el aliento; y la alegría llegó al delirio cuando oyó que su hijo le decía: «¡Voy á vestirme al momento para ir al hammam!»

En seguida el rey se echó al cuello de Marzauán y le besó, sin pensar siquiera en preguntarle de qué receta ó remedio se había servido para obtener en tan poco tiempo tan buen resultado. Y luego de colmar á Marzauán de regalos y honores, mandó iluminar toda la ciudad en señal de alegría, distribuyó prodigiosa cantidad de ropones de honor y obsequios á sus dignatarios y á toda la servidumbre de palacio, y mandó abrir todas las cárceles y poner en libertad á los presos. Y de aquella manera toda la ciudad y todo el reino se llenaron de contento y dicha.