¡Trataré de cantar los méritos de una beldad, causante de mis padecimientos, para hacer revivir el recuerdo de sus antiguos encantos!
Me dicen: «¡Oh tú, el herido por la flecha de amor, levántate! ¡He aquí la copa llena, y la guitarra para alegrarte!»
Yo les digo: «¿Cómo podré alegrarme si amo? ¿Hay mayor alegría que la del amor y la de padecer por amor?
»¡Amo tanto á mi amiga, que me encela hasta la camisa que toca sus caderas cuando la camisa se ciñe demasiado á sus caderas hermosas, benditas y suaves!
»¡Amo tanto á mi amiga, que tengo celos de la copa que toca sus labios gentiles cuando la copa roza durante mucho tiempo sus labios, creados para el beso!
»¡No me censuréis por amarla tan apasionadamente; bastante padezco con mi propio amor!
»¡Ah, si supierais sus méritos! ¡Tan seductora es como José en casa de Faraón, tan melodiosa como David delante de Saúl, tan modesta como María, madre de Cristo!
»¡Y yo me veo tan triste como Jacob apartado de su hijo, tan desdichado como Jonás en la ballena, tan probado como Job entre la paja, tan decaído como Adán perseguido por el ángel!
»¡Ay! ¡Nada me curará, á no ser el regreso de la amiga!»