Cuando la hija de su tío vió llegar á Primavera con la esclava, le preguntó: «¡Oh hijo de mi tío! ¿por qué has hecho ese gasto tan inútil? ¡Yo, en cuanto me reponga del parto, podré atender á la casa como antes!» El mercader Primavera contestó con agrado: «¡Oh hija de mi tío! He comprado esta esclava por la niña que lleva á cuestas, y á la cual criaremos con nuestro hijo Feliz-Bello. ¡Y sabe que, si he de juzgar por lo que de sus facciones he visto, cuando crezca esta niña no tendrá igual en belleza en todos los países de Irak, Persia y Arabia!»

Entonces la esposa de Primavera se volvió hacia la sierva, y le preguntó bondadosamente: «¿Cómo te llamas?» Ella contestó: «Me llaman Prosperidad, ¡oh mi señora!» A la esposa del mercader le gustó mucho aquel nombre, y le dijo: «¡Te sienta bien, ¡por Alah! Y tu hija, ¿cómo se llama?» La esclava contestó: «Fortuna.» Entonces la esposa de Primavera, en el límite de la alegría, dijo: «¡Ojalá aciertes! ¡Y Alah, con tu venida, haga que duren la fortuna y la prosperidad en casa de quienes te han comprado, ¡oh cara blanca!»

Después de lo cual se volvió hacia su esposo Primavera, y le preguntó: «Ya que es costumbre que los amos den nombre á los esclavos que compran, ¿cómo piensas llamar á la niña?» Primavera respondió: «¡Como tú prefieras!» Y su esposa contestó: «¡Llamémosla Feliz-Bella!» Y Primavera dijo: «Así se llamará. No veo ningún inconveniente.»

Y así fué como se llamó la niña Feliz-Bella, y se la crió con Feliz-Bello, exactamente con las mismas condiciones. Y ambos crecieron juntos, aumentándose cada día su hermosura; y Feliz-Bello llamaba á la hija de la esclava «mi hermana», y ella le llamaba á él «mi hermano».

Cuando Feliz-Bello llegó á los cinco años, se pensó en celebrar su circuncisión. Se aguardó para ello la fiesta del natalicio del Profeta (¡con él la plegaria y la salvación!), para dar á tal rito preciado toda la manifestación de belleza que encierra. Por lo tanto, se hizo solemnemente la circuncisión de Feliz-Bello, que en vez de llorar, pareció encontrar aquello casi de su agrado, y sonrió gentilmente, cosa que, por otra parte, solía hacer siempre. Se formó una comitiva imponente y numerosa, compuesta de todos los parientes, amigos y conocidos de Primavera y de la hija de su tío; después, precedidos de banderas, desfiló por todas las calles de Kufa. Y Feliz-Bello iba encaramado en un palanquín rojo, sobre una mula ricamente enjaezada de brocado, y á su lado estaba sentada la pequeña Feliz-Bella, que le abanicaba con un pañuelo de seda. Detrás del palanquín seguían las amigas, las vecinas y los niños, que llenaban el aire con sus «lu-lu-lúes» de alegría, mientras el buen Primavera, contentísimo, llevaba de la brida la mula arrogante y dócil.

Cuando regresaron á casa, los invitados fueron uno tras otro á felicitar al mercader Primavera, diciendo antes de retirarse: «¡Para ti sean la bendición y la alegría! ¡Disfruta durante larga vida la abundancia de los goces del alma!...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 238.ª NOCHE

Ella dijo: