Entonces la anciana, después de haber mandado á los esclavos que sirviesen á Feliz-Bella fuentes cargadas de toda clase de asados, frutas y bebidas, se apresuró á visitar al califa, para anunciarle la curación de su esclava por la ciencia inaudita del médico persa. Y el califa dijo: «¡Ve pronto á llevarle mil dinares de mi parte!» Y la anciana se apresuró á ejecutar la orden, no sin haber pasado por el aposento de Feliz-Bella, que le entregó otro regalo para Feliz-Bello en una caja precintada.
Cuando la dama llegó á la tienda, entregó los mil dinares al médico de parte del califa y la caja á Feliz-Bello, que la abrió y leyó su contenido. Pero entonces fué tal su emoción, que rompió en sollozos y cayó desmayado, pues Feliz-Bella en su esquela le relataba toda su aventura, y su rapto por orden del gobernador, y su envío como regalo al califa Abd El-Malek, de Damasco.
Al ver aquello, la buena anciana dijo al médico: «¿Por qué se ha desmayado de pronto tu hijo, después de romper en llanto?» El médico contestó: «¿Cómo no va á ser así, ¡oh venerable! cuando la esclava Feliz-Bella, á quien he curado, es propiedad de este al que crees mi hijo, y que no es otro que el hijo del ilustre mercader Primavera, de Kufa? Y nuestra venida á Damasco no ha tenido más objeto que buscar á la joven Feliz-Bella, que había desaparecido un día, arrebatada por una maldita vieja de ojos traidores. Así es ¡oh madre nuestra! que desde ahora ciframos en tu benevolencia nuestra esperanza más querida, y no dudamos de que nos ayudarás á recobrar el más sagrado de los bienes.» Después añadió: «Y en prenda de nuestro agradecimiento, he aquí, para empezar, los mil dinares del califa. ¡Tuyos son! ¡Y el porvenir te demostrará que la gratitud por tus beneficios ocupa en nuestro corazón un sitio de honor!...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 245.ª NOCHE
Ella dijo:
»...la gratitud por tus beneficios ocupa en nuestro corazón un sitio de honor!» Entonces la buena señora empezó por apresurarse á ayudar al médico para que Feliz-Bello, desmayado, recobrara el conocimiento, y después dijo: «Podéis contar con el fervor de mi buena voluntad y mi abnegación.» Y les dejó para ir en seguida junto á Feliz-Bella, á la cual encontró con el rostro radiante de júbilo y salud. Y se acercó á ella sonriente, y le dijo: «Hija mía, ¿por qué no has tenido desde el principio confianza en tu madre? De todos modos, ¡cuánta razón te asistía para llorar todas las lágrimas de tu alma al verte separada de tu dueño, el hermoso y dulce Feliz-Bello, hijo de Primavera, de Kufa!» Y al ver la sorpresa de la joven, se dió prisa á añadir: «Puedes contar, hija mía, con toda mi discreción y mi voluntad maternal para contigo. ¡Te juro que te reuniré con tu amado, aunque me costara la vida! ¡Tranquiliza, pues, tu alma, y deja que la anciana trabaje para tu bien, según su saber!»
Abandonó entonces á Feliz-Bella, que le besaba las manos llorando de alegría, y fué á hacer un paquete, en el cual puso ropas de mujer, alhajas y todos los accesorios necesarios para un completo disfraz, y volvió á la tienda del médico, é hizo seña á Feliz-Bello para hablar aparte con él. Entonces Feliz-Bello la llevó á la trastienda, detrás de una cortina, y se enteró por ella de sus proyectos, que le parecieron perfectamente combinados, y se dejó guiar por el plan que ella le sometió.