El síndico Schamseddin contestó: «¡De todo corazón, pues no deseo otra cosa! ¡No os ofreceré sólo un caldero de assida, sino un gran festín en mi casa de campo á las puertas del Cairo, en medio de los jardines! Os invito á todos, amigos míos, á ir mañana á mi jardín, que ya conocéis. ¡Y allí, si Alah lo quiere, ganaremos el tiempo perdido!»

En cuanto volvió á su casa, el buen síndico dispuso grandes preparativos para la fiesta del día siguiente, y mandó al horno, para que los asaran, carneros cebados durante seis meses con hojas verdes, y carneros enteros con manteca abundante, y bandejas innumerables de pasteles y otras cosas semejantes. Al efecto, utilizó á todas las esclavas de la casa expertas en el arte de la dulcería, y á todos los pasteleros y confiteros de la calle Zeini. Y la verdad es que el banquete, después de tanto trabajo, nada dejaba que desear.

Al día siguiente, muy temprano, Schamseddin se dirigió al jardín con su hijo Grano-de-Belleza, y mandó que los esclavos pusieran dos manteles inmensos en dos sitios separados y distantes uno de otro. Luego llamó á Grano-de-Belleza, y le dijo: «Hijo mío, he mandado poner, como ves, dos manteles diferentes; uno está reservado á los hombres y el otro es para los muchachos de tu edad que vengan con sus padres. Yo recibiré á los hombres con barbas y tú te encargarás de recibir á los jóvenes imberbes.» Pero Grano-de-Belleza, sorprendido, preguntó á su padre: «¿Por qué semejante separación y dos servicios diferentes? Eso no suele hacerse mas que entre hombres y mujeres. ¿Qué tienen que temer los jóvenes como yo de los hombres barbudos?» El síndico respondió: «Hijo mío, los jóvenes imberbes se encontrarán más libres solos y se divertirán entre si mejor que encontrándose en presencia de sus padres.» Y Grano-de-Belleza, que no era malicioso, se conformó con tal respuesta.

Al llegar los invitados, Schamseddin se dedicó á recibir á las personas mayores, y Grano-de-Belleza á los niños y á los jóvenes. Y se comió, y se bebió, y se cantó, y hubo la mayor diversión posible; y la alegría y el júbilo brillaron en todas las caras, y se quemaron en los pebeteros incienso y perfumes. Después, terminado el festín, los esclavos repartieron entre los convidados copas llenas de sorbete á la nieve. Y aquel fué para los hombres el momento de departir agradablemente, mientras los muchachos, al otro lado, se entregaban á mil amenos juegos.

Y entre los convidados había cierto mercader que era uno de los mejores parroquianos del síndico; pero también era un famoso pederasta, que no había dejado indemne de sus hazañas á ningún hermoso joven del barrio. Se llamaba Mahmud, pero no se le conocía mas que por el sobrenombre del «Bilateral».

Cuando Mahmud-el-Bilateral oyó los gritos que daban los muchachos al otro lado...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, é interrumpió el relato autorizado por el rey Schahriar.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 256.ª NOCHE