Después de haber dicho á su modo estos versos, Mahmud se dispuso á explicárselos prácticamente. Pero el joven Grano-de-Belleza, sin darse cuenta exacta de la situación, se sentía molesto con aquellos ademanes y movimientos, y quiso marcharse. Y el Bilateral le sujetó y acabó por hacerle entender de qué se trataba.

Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del Bilateral y comprendió su petición...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 259.ª NOCHE

Ella dijo:

...Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del Bilateral y comprendió su petición, levantóse inmediatamente y le dijo: «¡No, por Alah! ¡No vendo esa mercancía! ¡De todos modos, para que te consueles, te diré que si á los demás se la vendiese por dinero, á ti te la daría de balde!» Y á pesar de las súplicas del Bilateral, Grano-de-Belleza no quiso permanecer un momento más en la tienda; salió de ella bruscamente y volvió en seguida al campamento, donde, harto inquieto, aguardaba su regreso el mokaddem.

Y cuando Kamal vió entrar á Grano-de-Belleza con aquel aspecto extraño, le preguntó: «¡Por Alah! ¿qué ha pasado?» El otro respondió: «¡Pues absolutamente nada! ¡Pero tenemos que levantar el campo en seguida é irnos á Bagdad, porque en lo sucesivo no quiero viajar con el Bilateral; tiene pretensiones exageradas y muy molestas!» El jeque de los camelleros dijo: «¿No te lo había dicho ya, hijo mío? Pero he de advertirte que sería muy peligroso viajar solos. Más vale seguir en una sola caravana, como estamos ahora, para poder resistir los ataques de los bandoleros beduínos que infestan estas tierras.» Pero Grano-de-Belleza no quiso hacer caso, y dió la orden de marcha.

Por consiguiente, la pequeña caravana se puso en camino sola y no dejó de viajar del mismo modo, hasta que un día, á la puesta del sol, llegó á pocas millas de las puertas de Bagdad.

El mokaddem de los camelleros fué á buscar entonces á Grano-de-Belleza y le dijo: «Mejor será, hijo mío, seguir hasta Bagdad esta misma noche, sin detenernos á acampar aquí. ¡Porque el lugar en que estamos es el más peligroso de todo el viaje! ¡Es el valle de los Perros! ¡Hay gran riesgo de que nos ataquen si permanecemos aquí durante la noche! Apresurémonos, pues, á llegar á Bagdad antes de que cierren las puertas. ¡Porque has de saber, hijo mío, que el califa manda cerrar todas las noches las puertas de la ciudad, con el fin de impedir que las hordas fanáticas entren á escondidas y se apoderen de los libros de la ciencia y de los manuscritos literarios encerrados en las salas de las escuelas, arrojándolos luego al Tigris!»