Grano-de-Belleza, á quien no complacía la proposición, contestó: «¡No, por Alah! ¡No quiero entrar de noche en la ciudad, porque deseo gozar del espectáculo de Bagdad al salir el sol! ¡Pasemos, pues, la noche aquí, ya que no tengo prisa ni viajo para negociar, sino por recreo, y para ver lo que no conozco!» Y el anciano mokaddem tuvo que inclinarse, aunque deplorando la peligrosa terquedad del hijo de Schamseddin.
En cuanto á Grano-de-Belleza, tomó un bocado, y después, cuando los esclavos fueron á acostarse, salió de la tienda, apartóse un poco por el valle, y fué á sentarse junto á un árbol, á la luz de la luna. Y se acordó de las lecturas de sus maestros en el subterráneo, é inspirado por lugar tan propicio á la meditación, empezó este canto del poeta:
¡Reina del Irak, deliciosamente bella! ¡oh Bagdad, ciudad de los califas y poetas! ¡cuánto tiempo, ¡oh maravilla! soñé contigo!
Pero súbitamente, antes de terminar la primera estrofa, oyó á su izquierda un clamor espantoso, y galopar de caballos, y exclamaciones de cien bocas á un tiempo, y al volverse vió invadido el campamento por un numeroso tropel de beduínos que surgían por todas partes como si salieran de debajo de la tierra.
Aquel espectáculo tan nuevo para él le dejó clavado en el suelo, y así pudo ver la matanza general de la caravana, que había querido defenderse, y el saqueo de todo el campamento. Y cuando los beduinos comprobaron que nadie quedaba en pie, se apoderaron de camellos y mulos, y en un momento desaparecieron por donde habían venido.
Al disiparse un tanto la estupefacción que le había dominado, Grano-de-Belleza bajó hacia el sitio en que se encontraba su campamento, y pudo ver asesinada á toda su gente. Y ni el jeque Kamal, mokaddem de los camelleros, á pesar de su edad respetable, había sido tratado mejor que los demás, y yacía muerto, atravesado el pecho por numerosas lanzadas. Así es que Grano-de-Belleza no supo soportar la vista de espectáculo tan aterrador, y emprendió la fuga, sin atreverse á mirar hacia atrás.
De tal modo estuvo corriendo toda la noche, y para no excitar la codicia de algún otro bandido, se despojó completamente de su rico traje, que arrojó á lo lejos, y no se quedó mas que con la camisa. Y así, medio desnudo, entró en Bagdad al amanecer.
Entonces, rendido de cansancio y sin poder tenerse en pie, se paró delante de la primera fuente pública que se le presentó á la entrada de la población. Se lavó las manos, la cara y los pies; subió á la plataforma que coronaba la fuente, se tendió en ella á la larga, y no tardó en dormirse.
En cuanto á Mahmud-el-Bilateral, también se había puesto en camino, pero había tomado un atajo por otra parte y pudo evitar el encuentro con los bandidos; y además, llegó á las puertas de Bagdad precisamente cuando Grano-de-Belleza las atravesaba y se dormía en la fuente.
Al pasar por cerca de aquella fuente, el Bilateral se acercó al abrevadero de piedra lleno de agua para los animales, y quiso que bebiera en él su caballo sediento. Pero el animal vió la sombra que proyectaba el adolescente dormido, y retrocedió resollando. Entonces el Bilateral levantó los ojos hacia la plataforma, y le faltó poco para caerse del caballo al reconocer á Grano-de-Belleza en aquel joven medio desnudo que en la piedra dormía...