Hacia el mediodía, Grano-de-Belleza, á quien Zobeida había entregado los cien dinares de oro encontrados debajo del almohadón, quiso salir para ir al zoco á hacer unas compras, cuando al abrir la puerta vió parados delante de la casa cincuenta mulos pesadamente cargados de fardos de telas, y en una mula ricamente enjaezada, á un joven esclavo abisinio, de facciones encantadoras y cuerpo moreno, que llevaba en la mano una misiva enrollada.
Al ver á Grano-de-Belleza, el gentil esclavillo se apeó rápidamente, besó la tierra delante del joven, y entregándole la misiva, le dijo: «¡Oh mi señor Grano-de-Belleza! Acabo de llegar ahora mismo del Cairo, enviado á ti por tu padre, mi amo Schamseddin, síndico de los mercaderes de la ciudad. Te traigo cincuenta mil dinares en mercaderías de valor y un paquete que encierra un regalo de tu madre dedicado á tu esposa Sett Zobeida, y compuesto de una jarra de oro enriquecida con pedrería y una jofaina de oro cincelado...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 265.ª NOCHE
Ella dijo:
»...y compuesto de una jarra de oro enriquecida con pedrería y una jofaina de oro cincelado.»
Grano-de-Belleza quedó tan sorprendido y contento á la vez con aquel suceso milagroso, que no pensó en un principio mas que en enterarse del contenido de la carta. La abrió, y leyó lo que sigue:
«Después de los deseos más completos de dicha y salud de parte de Schamseddin á su hijo Alaeddin Grano-de-Belleza:
»Sabe ¡oh hijo amado! que el rumor del desastre sufrido por tu caravana y la pérdida de tus bienes ha llegado hasta mí. En seguida te he mandado preparar una nueva caravana de cincuenta mulos cargados de mercaderías por valor de cincuenta mil dinares de oro. Además, tu madre te envía un traje precioso que ha bordado ella misma, y como regalo para tu esposa un jarro y una jofaina, que nos atrevemos á esperar que le gusten.