»Efectivamente, supimos con cierto asombro que has servido de Desligador en un divorcio ligado por la fórmula de la Repudiación por Tres. Pero ya que la mujer resulta á gusto tuyo después de la prueba, has hecho bien en conservarla. Y así, las mercancías que te enviamos bajo la custodia del pequeño abisinio Salim servirán muy holgadamente para pagar los diez mil dinares que debes como indemnización al primer marido.
»Tu madre y todos los nuestros están contentos y sanos, esperando tu próxima vuelta, y te envían sus zalemas afectuosas y la mayor expresión de ternura.
Esta carta y la llegada inesperada de aquellas riquezas alborotaron de tal modo á Grano-de-Belleza, que no pensó ni por un instante en lo inverosímil del suceso. Subió á las habitaciones de su esposa y la enteró de lo ocurrido.
Aún no había terminado sus explicaciones, cuando llamaron á la puerta, y el padre de Zobeida y el primer marido entraron en el vestíbulo. Iban á tratar de convencer á Grano-de-Belleza de que se divorciara amistosamente.
Y el padre de Zobeida dijo á Grano-de-Belleza: «¡Hijo mío, ten piedad de mi primer yerno, que quiere mucho á su ex esposa! Alah te ha enviado riquezas que te permitirán comprar las esclavas más bellas del mercado, y casarte también, en legítimas nupcias, con la hija del más importante de los emires. ¡Devuelve, pues, á ese pobre hombre su ex esposa, y él consentirá en ser tu esclavo!» Pero Grano-de-Belleza contestó: «Precisamente me ha enviado Alah todas esas riquezas para remunerar con liberalidad á mi antecesor. Dispuesto estoy á darle los cincuenta mulos con sus mercancías y hasta el lindo esclavo abisinio Salim, y á no conservar de todo ello mas que el regalo destinado á mi esposa, ó sea el jarro y la jofaina.» Y añadió: «Y si tu hija Zobeida consiente en volver con su anterior esposo, estoy conforme con desligarla.»
Entonces el padre entró en el aposento de Zobeida y le preguntó: «¿Qué? ¿Consientes en volver con tu anterior marido?» Y ella respondió, haciendo grandes gestos: «¡Ya Alah! ¡Ya Alah! ¡Si nunca supo el valor de los arriates de mi jardín y siempre se paró á mitad de camino! ¡No, por Alah! ¡Me quedo con el joven que me ha explorado en todos sentidos!»
Cuando el primer esposo se cercioró de que había de perder toda esperanza, le entró tal pena, que le estalló el hígado en el acto, y murió.
En cuanto á Grano-de-Belleza, siguió gozando con la encantadora y sagaz Zobeida; y todas las noches, después del banquete y de múltiples copulaciones y cosas semejantes, organizaba con ella un concierto capaz de hacer bailar á los peñascos y de suspender en el fondo del cielo el vuelo de las aves.
A los diez días de casado, recordó de pronto la promesa que le había hecho el jefe de los derviches de enviarle los diez mil dinares, y dijo á su esposa: «¡Mira qué jefe de embusteros! ¡Si hubiera yo tenido que esperar la realización de su promesa, me habría muerto de hambre en la cárcel! ¡Por Alah! ¡Como le encuentre otra vez, le diré lo que pienso de su mala fe!»