Y después, como iba anocheciendo, mandó encender las luces de la sala de recepciones, y se disponía á organizar el concierto, como todas las noches, cuando llamaron á la puerta. Quiso ir á abrir él mismo, y no se sorprendió poco al ver á los cuatro derviches de la primera noche. Se echó á reir en su cara, y les dijo: «¡Bien venidos sean estos embusteros, hombres de mala fe! Pero, de todos modos, os invito á entrar, pues Alah me ha librado de tener en adelante necesidad de vuestros favores. ¡Y además, aunque embusteros é hipócritas, sois muy agradables y bien educados!» Y les introdujo en el salón de recepciones, y rogó á Zobeida que les cantara algo desde detrás del tapiz. Y ella lo hizo de manera capaz de arrebatar la razón, de hacer bailar á las piedras y de suspender en el fondo del cielo el vuelo de las aves.
En un momento dado, el jefe de los derviches se levantó y se ausentó para evacuar una necesidad. Entonces, uno de los falsos derviches, que era el poeta Abu-Nowas, se inclinó hacia el oído de Grano-de-Belleza, y le dijo...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 266.ª NOCHE
Ella dijo:
...el poeta Abu-Nowas, se inclinó hacia el oído de Grano-de-Belleza, y le dijo: «¡Oh encantador huésped nuestro! Permíteme que te dirija una pregunta. ¿Cómo has podido creer un momento que tu padre Schamseddin te enviara los cincuenta mulos cargados de riquezas? ¡Vamos á ver! ¿Cuántos días se necesitan para ir al Cairo desde Bagdad?» El otro contestó: «Cuarenta y cinco.» Abu-Nowas preguntó: «¿Y para volver?» El otro contestó: «Otros cuarenta y cinco lo menos.» Abu-Nowas se echó á reir, y dijo: «¿Y cómo quieres que en menos de diez días tu padre haya averiguado la pérdida de la caravana y haya podido mandarte la segunda?» Grano-de-Belleza exclamó: «¡Por Alah! ¡Mi alegría fué tan grande, que no me dió tiempo de pensar todo eso! Pero dime, entonces, ¡oh derviche! ¿quién ha escrito la carta? ¿De dónde procede el envío?» Abu-Nowas contestó: «¡Ah Grano-de-Belleza! ¡Si fueras tan perspicaz como hermoso, hace tiempo que habrías adivinado que nuestro jefe, con su traje de derviche, es nuestro amo el califa, el Emir de los Creyentes, Harún Al-Rachid, y el segundo derviche, el sabio visir Giafar el Barmecida, y el tercero, el portaalfanje Massrur, y yo mismo, tu esclavo y admirador Abu-Nowas, sencillamente poeta!»
Oídas estas palabras, Grano-de-Belleza llegó al límite de la sorpresa y de la confusión, y preguntó tímidamente: «Pero, ¡oh gran poeta Abu-Nowas! ¿cuál es el mérito que me ha traído tantos beneficios del califa?» Abu-Nowas sonrió, y dijo: «¡Tu hermosura!» Y añadió: «A sus ojos, el mérito mayor es ser joven, simpático y hermoso. Y se le figura que nunca es caro comprar el espectáculo de un ser bello y el ver un rostro lindo.»
A todo esto el califa volvió á ocupar su sitio en la alfombra, y entonces Grano-de-Belleza fué á inclinarse entre sus manos, y le dijo: «¡Oh Emir de los Creyentes! ¡Alah te conserve á nuestro respeto y á nuestro amor, y nunca nos prive de los beneficios de tu generosidad!» Y el califa le sonrió y le acarició levemente la mejilla, y le dijo: «Mañana te aguardo en palacio.» Después levantó la sesión, y seguido de Giafar, Massrur y Abu-Nowas, que encargó á Grano-de-Belleza que no olvidase lo ofrecido, se marchó.
Al día siguiente, Grano-de-Belleza, á quien su esposa había aconsejado repetidamente que fuera á palacio, eligió las cosas más preciosas de las que le había llevado el pequeño abisinio Salim, las encerró en un lindísimo cofrecillo, y colocó éste en la cabeza del hermoso esclavo; y después de que le vistió y arregló con esmero su esposa Zobeida, se dirigió hacia el diván, acompañado del esclavo con su carga. Y subió al diván, y poniendo el cofrecillo á los pies del califa, le dirigió un cumplimiento en versos bien rimados, y le dijo: «¡Oh Emir de los Creyentes! Nuestro bendito Profeta (¡sean con Él la plegaria y la paz!) aceptaba los regalos para no causar pena á quienes se los ofrecían. ¡Tu esclavo sería también muy feliz si quisieras recibir este cofrecillo como señal de mi gratitud!»