Oídas estas palabras, el walí besó la tierra entre las manos del califa, y exclamó: «¡Oh Emir de los Creyentes! El ladrón debe ser alguien de palacio, porque el vino que se agria lleva en sí su propio fermento. Y además, permite decir á tu esclavo que el único responsable ha de ser el comandante especial encargado de esta vigilancia, y que además conoce uno por uno á todos los ladrones de Bagdad y del Imperio. Su muerte habría de preceder por lo tanto á la mía, si no parecieran los objetos perdidos.»
Entonces se adelantó Ahmed-la-Tiña, comandante de vigilancia, y después de los homenajes debidos, dijo al califa: «¡Oh Emir de los Creyentes! ¡descubriremos al ladrón! Pero ruego al califa me facilite un firmán que me permita hacer pesquisas en casa de todos los habitantes de palacio y en las de todos los que entran aquí, sin excluir la del kadí, ni la del gran visir Giafar, ni la de Grano-de-Belleza, gobernador de palacio.» Y el califa mandó que se le facilitara en el acto el firmán pedido, y dijo: «De todos modos, he de cortar la cabeza á alguien, ó á ti ó al ladrón. ¡Escoge! ¡Y juro por mi vida y por la tumba de mis antepasados, que aunque el ladrón fuera mi hijo, el heredero de mi trono, mi decisión será la misma: la muerte por horca en la plaza pública!»
Oídas estas palabras, Ahmed-la-Tiña, con el firmán en la mano, se retiró y fué á buscar á dos guardias del kadí y á otros dos del walí, y empezó inmediatamente sus pesquisas visitando la casa de Giafar y la del kadí y la del walí, y llegó después á la de Grano-de-Belleza, que todavía ignoraba cuanto acababa de ocurrir.
Ahmed-la-Tiña, con el firmán en una mano y una pesada vara de cobre en la otra, entró en el vestíbulo y enteró de la situación á Grano-de-Belleza, y le dijo: «Yo me guardaría muy bien, señor, de llevar á cabo pesquisas en la casa del fiel confidente del califa. ¡Permíteme, pues, que me retire como si lo hubiera hecho!» Grano-de-Belleza dijo: «¡Alah me libre de ello, ¡oh jefe de vigilancia! ¡Tienes que cumplir tu deber hasta el fin!» Entonces Ahmed-la-Tiña dijo: «Voy á hacerlo sólo por fórmula.» Y con aspecto negligente salió al patio y empezó á darle la vuelta, golpeando en cada baldosín de mármol con la pesada vara de cobre, hasta que llegó al baldosín consabido, que al recibir el golpe, sonó á hueco.
Al oir este sonido, Ahmed-la-Tiña exclamó: «¡Oh señor, por Alah! ¡Se me figura que aquí debajo debe de haber algún subterráneo que encierra un tesoro de pasados siglos!» Y Grano-de-Belleza dijo á los cuatro guardias: «Tratad, pues, de quitar el baldosín, para que veamos lo que hay debajo.» Y en seguida los guardias hicieron penetrar sus instrumentos en las junturas del baldosín de mármol y lo levantaron. Y á la vista de todos aparecieron tres de los objetos robados: el alfanje, el sello y el rosario.
Al verlos, gritó Grano-de-Belleza: «¡En nombre de Alah!», y cayó desmayado.
Entonces Ahmed-la-Tiña mandó llamar al kadí, y al walí, y á los testigos, que levantaron inmediatamente acta del descubrimiento; y todos pusieron su sello en el documento, y el kadí en persona fué á entregárselo al califa, mientras los guardias se apoderaban de Grano-de-Belleza.
Cuando el califa tuvo entre las manos los tres objetos robados, menos la lámpara, y se enteró de que se habían encontrado en la casa de aquel á quien consideraba como su más fiel confidente é íntimo amigo, á quien había colmado de mercedes, depositando en él ilimitada confianza, permaneció durante una hora sin decir palabra, y después se volvió hacia el jefe de los guardias y dijo: «¡Que le ahorquen!»
Inmediatamente salió el jefe de los guardias y mandó pregonar la sentencia por todas las calles de Bagdad, y fué á la casa de Grano-de-Belleza, al cual prendió, y cuyos bienes y mujeres confiscó en el acto. Los bienes ingresaron en el Tesoro público y las mujeres iban á ser subastadas en el mercado como esclavas; pero entonces, el walí, padre de Gordo-Hinchado, declaró que se llevaba una, que era la esclava comprada por Giafar, y el jefe de los guardias hizo llevar á su propia casa á la otra, que era Zobeida, la de la voz hermosa.
Y este jefe de los guardias era precisamente el mejor amigo de Grano-de-Belleza, y le había consagrado un afecto paternal que nunca habíase desmentido. Y aunque ejecutaba en público las terribles medidas de rigor dictadas contra Grano-de-Belleza por la ira del califa, se propuso salvar la cabeza de su hijo adoptivo, y empezó por poner en seguridad dentro de su casa á una de sus esposas, á la bella Zobeida, aniquilada por la desventura.