El cuerpo estaba envuelto en un sudario que lo tapaba por completo. Y Giafar le quitó el sudario, y el califa miró, pero retrocedió en seguida, estupefacto, exclamando: «¡Oh Giafar! ¡ese no es Grano-de-Belleza!» Giafar examinó el cuerpo, y conoció que, efectivamente, no era Grano-de-Belleza; pero no lo dió á entender, y preguntó con calma: «¿Pues en qué conoces, ¡oh Emir de los Creyentes! que no es Grano-de-Belleza?» El califa contestó: «En que era más bien bajo de estatura, y éste es alto.» Giafar contestó: «Esa no es prueba. Los ahorcados se alargan.» El califa dijo: «¡El gobernador de palacio tenía dos lunares en las mejillas, y éste no los tiene!» Giafar explicó: «¡La muerte transforma y varía la fisonomía!» Pero el califa dijo: «Fíjate bien, ¡oh Giafar! y observa las plantas de los pies de este ahorcado: llevan tatuadas, según costumbre de los herejes sectarios de Alí, el nombre de los dos grandes jeques. ¡Y bien sabes que Grano-de-Belleza no era chiita, sino sunnita!» Ante tal comprobación, Giafar dijo: «¡Sólo Alah conoce el misterio de las cosas!» Después regresaron ambos á palacio, y el califa mandó que se enterrara aquel cuerpo. Y desde aquel día desterró de su memoria hasta el recuerdo de Grano-de-Belleza.
En cuanto á la esclava, segunda esposa de Grano-de-Belleza, fué llevada por el emir Khaled á su hijo Gordo-Hinchado. Y éste, que no se había movido de la cama desde el día de la venta, se levantó resollando y quiso acercarse á ella y cogerla en brazos. Pero la bella esclava, irritada y asqueada por el aspecto horrible del idiota, sacó inmediatamente un puñal del cinturón, y exclamó, levantando el brazo: «¡Apártate, ó te mato con este puñal y en seguida me lo clavo en el pecho!» Entonces la madre de Gordo-Hinchado se adelantó, alargando los brazos, y gritó: «¿Cómo te atreves á resistir á los deseos de mi hijo, ¡oh esclava insolente!?» Pero la joven dijo: «¡Oh traidora! ¿qué ley permite á una mujer pertenecer á dos hombres á un tiempo? Y dime, ¿desde cuándo pueden vivir los perros en la morada de los leones?»
Al oir estas palabras, la madre de Gordo-Hinchado dijo: «¡Bueno! ¡Si así es, ya verás qué vida te daremos aquí!» Y la joven replicó: «¡Prefiero morir á renunciar al cariño de mi amo, vivo ó muerto!» Entonces la esposa del walí la mandó desnudar, y le quitó los buenos trajes de seda y las alhajas, y le puso encima del cuerpo una mala y vieja falda de pelo de cabra, y la mandó á la cocina, diciendo: «¡En adelante, tus funciones de esclava en esta casa consistirán en pelar cebollas, poner las cazuelas á la lumbre, exprimir el jugo de los tomates y hacer la masa para el pan!» Y la joven dijo: «¡Prefiero ese oficio de esclava á verle la cara á tu hijo!»
Y desde aquel día trabajó en la cocina; pero no tardó en granjearse las simpatías de las demás esclavas, que no la dejaban ocuparse en nada y le hacían todo el trabajo.
En cuanto á Gordo-Hinchado, al ver que no podía conseguir á la hermosa esclava Yazmina, se metió otra vez en el lecho y no se volvió á levantar.
Hay que recordar que Yazmina, la primera noche de bodas, quedó fecundada por Grano-de-Belleza. Y á los pocos meses de su llegada á la casa del walí, dió á luz un niño varón, tan bello como la luna, al cual llamó Aslán, llorando á lágrima viva, tanto ella como las otras esclavas, porque no estaba allí el padre para dar nombre á su hijo.
Su madre amamantó dos años á Aslán, que llegó á ser robusto y muy hermoso. Y cuando ya sabía andar solo, quiso su destino que un día, mientras su madre estaba ocupada, subiera los peldaños de la escalera de la cocina y llegase á la sala, en donde se hallaba rezando su rosario de ámbar el emir Khaled, padre de Gordo-Hinchado.
Al ver al pequeño Aslán, cuya semejanza con su padre Grano-de-Belleza era absoluta, el emir Khaled sintió que se le arrasaban los ojos en lágrimas, y llamó al niño, y se lo puso en las rodillas, y empezó á acariciarlo enternecido, y dijo para sí: «¡Bendito sea Aquel que crea objetos tan hermosos y les da alma y vida!»
Entretanto, la esclava Yazmina se enteró de la ausencia de su hijo; buscóle por todas partes enloquecida, y á pesar de las costumbres, se decidió á entrar, con la mirada extraviada, en la sala en que se encontraba el emir Khaled. Y vió al niño Aslán en las rodillas del walí, entreteniéndose en meter los deditos por entre las barbas venerables del emir. Pero al percibir á su madre, el chiquitín se echó hacia adelante tendiendo los brazos, y el emir Khaled le sujetó, y dijo á Yazmina con bondad: «¡Acércate, ¡oh esclava! ¿Es hijo tuyo este niño?» Ella respondió: «¡Sí, mi amo, es el fruto de mi corazón!» Y él preguntó: «¿Y quién es su padre? ¿Es alguno de mis servidores?» Y la esclava dijo, entre un torrente de lágrimas: «Su padre es mi esposo, Grano-de-Belleza. ¡Pero ahora, ¡oh mi amo, es hijo tuyo!» Y el walí, muy conmovido, dijo á la esclava: «¡Por Alah! ¡Tú lo has dicho! ¡Desde ahora es hijo mío!» E inmediatamente lo adoptó, y dijo á su madre: «¡Desde hoy tienes que considerar á tu hijo como mío, y cuando esté en edad de comprender, dale á entender que nunca tuvo otro padre que yo!» Y Yazmina contestó: «¡Escucho y obedezco!»
Entonces el emir Khaled se encargó, como verdadero padre, del hijo de Grano-de-Belleza, y le dió una educación esmeradísima, y lo puso en manos de un maestro muy sabio, que era un calígrafo de primer orden, y le enseñó á escribir muy bien, el Korán, la geometría y la poesía. Y cuando el joven Aslán fué mayor, su padre adoptivo, el emir Khaled, le enseñó personalmente á montar á caballo, á manejar las armas, á justar con la lanza y á luchar en los torneos. Y de tal modo, al cumplir los catorce años era un caballero consumado, y fué elevado por el califa al título de emir, como su padre el walí.