Y el Destino dispuso un día que se encontraran el joven Aslán y Ahmed-la-Tiña á la puerta de la tienda del judío Abraham. Y Ahmed-la-Tiña convidó al hijo del emir á tomar un refresco.

Cuando se hubieron sentado, Ahmed-la-Tiña empezó á beber, como de costumbre, hasta emborracharse. Entonces se sacó del bolsillo la lamparita de oro adornada con pedrería que había robado en otro tiempo, y la encendió, porque había oscurecido. En seguida Aslán le dijo: «¡Ya Ahmed! Esa lámpara es muy hermosa. ¡Dámela!» El jefe de vigilancia replicó: «¡Alah me libre! ¿Cómo voy á darte un objeto que ha perdido ya tantas almas? Sabe, en efecto, que esta lámpara ha sido causa de la muerte de un gobernador de palacio, de cierto egipcio llamado Grano-de-Belleza.» Y Aslán, muy interesado, exclamó: «¡Cuéntame eso!»

Entonces Ahmed-la-Tiña le contó toda la historia desde el principio hasta el fin, jactándose en medio de su borrachera de haber sido el autor de la proeza.

Cuando el joven Aslán volvió á su casa, contó á su madre Yazmina la historia que había oído referir á Ahmed-la-Tiña, y le dijo que la lámpara estaba todavía en poder de aquel malvado.

Al oir aquello, Yazmina exhaló un grito agudo y cayó desmayada...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 269.ª NOCHE

Ella dijo:

Al oir aquello, Yazmina exhaló un grito agudo y cayó desmayada. Y cuando volvió en sí, prorrumpió en sollozos y se echó al cuello de su hijo Aslán, y le dijo entre lágrimas: «¡Oh hijo mío, Alah acaba de hacer brillar la verdad! ¡No puedo callar ya mi secreto! Sabe ¡oh mi Aslán! que el emir Khaled no es mas que tu padre adoptivo; tu padre por la sangre es mi amado esposo Grano-de-Belleza, que fué castigado, según ves, en lugar del culpable. Por consiguiente, hijo mío, tienes que ir á buscar en seguida á un antiguo amigo íntimo de tu padre, el venerable jefe de la guardia del califa, y contarle lo que acabas de descubrir. Y después le dirás: «¡Te ruego por Alah que me vengues del matador de mi padre Grano-de-Belleza!»