«¡Oh Emir de los Creyentes, manda! Aquí estoy pronta á cuantas preguntas quieran dirigirme los doctos y venerables sabios, lectores del Korán, jurisconsultos, médicos, arquitectos, astrónomos, geómetras, gramáticos, filósofos y poetas.»
Entonces el califa Arún Al-Rachid se encaró con todos aquéllos y les dijo desde el trono en que estaba sentado: «¡Hice que os mandaran venir aquí para, que examinéis á esta adolescente en lo que afecta á la variedad y profundidad de sus conocimientos, y no perdonéis nada que contribuya á que resalte á la vez vuestra erudición y su saber!» Y todos los sabios respondieron, inclinándose hasta tierra y llevando las manos á sus ojos y á su frente: «¡El oído y la obediencia á ti y á Alah, ¡oh Emir de los Creyentes!»
A estas palabras, la adolescente Simpatía se mantuvo algunos instantes con la cabeza baja, reflexionando; después alzó la frente y dijo: «¡Oh vosotros todos, maestros míos! ¿cuál es primeramente el más versado entre vosotros en el Korán y en las tradiciones del Profeta? (¡con Él la paz y la oración!)» Entonces se levantó uno de los doctores, designado por todos los dedos, y dijo: «¡Yo soy ese hombre!» Ella le dijo: «¡Interrógame, pues, á tu sabor sobre tal punto!» Y demandó el sabio lector del Korán:
«¡Oh joven, desde el momento en que estudiaste á fondo el santo Libro de Alah, debes conocer el número de capítulos, palabras y letras que encierra y los preceptos de nuestra fe! Dime, pues, para empezar, ¿quién es tu Señor, quién es tu Profeta, quién es tu Imán, cuál es tu orientación, cuál es tu norma de vida, cuál es tu guía en los caminos y quiénes son tus hermanos?»
Ella contestó: «¡Mi Señor es Alah; mi Profeta es Mohamed (¡con Él la oración y la paz!); mi ley, y por tanto mi Imán, es el Korán; mi orientación es la Kaaba, la casa de Alah, levantada por Abraham en la Meca; mi norma de vida es el ejemplo de nuestro santo Profeta; mi guía en los caminos es la Sunna, recopilación de tradiciones, y mis hermanos son todos los creyentes!»
Mientras comenzaba el califa á maravillarse de la claridad y precisión de estas respuestas en boca de una joven tan gentil, añadió el sabio:
«¡Dime! ¿Cómo sabes que hay un Dios?»
Ella contestó: «¡Por la razón!»
Él preguntó: «¿Qué es la razón?»
Ella dijo: «La razón es un don doble: innato y adquirido. La razón innata es la que puso Alah en el corazón de sus servidores escogidos, para hacerles que caminen por la senda de la verdad. Y la razón adquirida es en el hombre bien dotado fruto de la educación y de una labor constante.»