La señal estaba dada. Desde aquel momento todos los periódicos que en Madrid tenian el cargo de servir los intereses de los reaccionarios ultramarinos comenzaron á reproducir y comentar las horribles nuevas de la hoja volante, que, en efecto, consiguió que las gentes se alarmasen y brotase el deseo universal de conocer lo que habia pasado en Puerto-Rico.
La Epoca, la conservadora y autoritaria Epoca, habia dicho pocos dias antes bajo la firma de su corresponsal de la pequeña Antilla:
"Los leales son menos que los laborantes y aunque estén dispuestos á todo no pueden contar con el apoyo de la autoridad (el general Baldrich) que con sus actos protege á los separatistas y tiene la insensatez de decir que allí no hay más insurrectos que los españoles y que fusilando á dos docenas él conseguiria que la isla quedase completamente tranquila. Tanta obcecacion, tanta infamia parece mentira que quepa en el pecho de un general español."[29]
Pero El Debate no se habia quedado en zaga. Su corresponsal le escribia desde San Juan de Puerto-Rico:
"La Internacional se halla entre nosotros. Numerosos agentes han invadido la isla y empezado á predicar el reparto de bienes, el odio á España, á la monarquía y á la religion. Dícese que los filibusteros é internacionalistas han hecho un pacto de auxilios mútuos... Los propietarios están haciendo inmensos esfuerzos para liquidar en parte sus bienes ya que por las circunstancias no puedan otra cosa y marcharse á Europa. El valor de la propiedad ha bajado extraordinariamente. Haciendas que producen 15.000 duros anuales he oido que se ofrecen por 100.000 á plazo."[30]
Así preparado el terreno—y cuenta que los reaccionarios y esclavistas no dejan de la mano el propósito que tienen,—la hoja volante de mediados de Agosto debia producir efecto. La Epoca, El Tiempo, El Debate... todos los periódicos del statu quo repitieron el grito de alarma. «Nuestras predicciones se han cumplido—decia El Debate del dia 16—la sangre ha corrido en abundancia por las calles de Puerto-Rico.» Y aquí de las protestas, de las amenazas, de los recuerdos terribles. ¡Oh! aquello era para imponer al mismo Convidado de piedra. Así que La Correspondencia primero y luego la prensa ministerial comenzaron tímidamente á poner reparos y pedir tregua para inquirir la verdad de los hechos. Pero entonces gritaba con más furia El Debate:
"El ejército español ha sido víctima de traidoras celadas de los traidores y alevosos que pueblan la isla: el ejército español se ha visto, como los voluntarios y muchos leales españoles, atropellado, insultado y maltratado en la pequeña Antilla. La prensa ministerial no lo niega. Los hechos están, pues, reconocidos."
Verdaderamente la cosa era séria. La cuestion de Cuba palidecia ante este conflicto. Corríamos un peligro colosal. Quizá habia llegado el momento de exclamar: caveant consules.
Pero corrieron los dias... Y se supo que todo habia sido la derrota pacífica y ordenada de los conservadores en las urnas electorales. A lo sumo, un pequeño motin ocurrido en la capital de la isla (esto es, donde los conservadores tienen toda su fuerza y el gobierno todos sus soldados y sus medios de accion) dos ó tres semanas despues de las elecciones; y que el voluntario que se suponia herido mortalmente habia recibido solo un palo y que no habian ocurrido bajas de ninguna especie y que el grave ataque dado al ejército español y á los voluntarios habia consistido en unas cuantas pedradas tiradas no se sabe por quién (el gobierno sí lo sabe porque tiene el parte detallado del general Baldrich) á un batallon de hombres armados hasta los dientes.
La falsedad de las noticias quedó, por lo tanto, absolutamente demostrada. Pero esto no obstó para que los enemigos de las reformas consiguieran dos cosas: la primera, dejar en el espíritu de la multitud, que no se ocupa de los asuntos políticos sino bajo la fé de los rumores y las conversaciones públicas, la impresion de que en Puerto-Rico habian sobrevenido disgustos y complicaciones á consecuencia de las reformas (porque al derecho electoral y á la libertad de imprenta se atribuyeron los sucesos de Julio de 1871) y bajo la administracion radical. La segunda, que se minase la autoridad del general Baldrich hasta el punto de conseguir su relevo de la capitanía general de Puerto-Rico.