El país era verdaderamente por tradicion, por sentimiento y hasta por su situacion geográfica, liberal, siquiera no hubiese dado forma precisa y acabada á sus aspiraciones.[33]
La revolucion de Setiembre de 1868 fué saludada con verdadero júbilo en Puerto-Rico, sin que obstase á ello un pequeño motin, que luego los conservadores han convertido en insurreccion de Lares[34], dirigido por tres ó cuatro extranjeros, sofocado instantáneamente por las milicias del país (no habia entonces voluntarios), al que el entonces capitan general de la isla (el digno general Pavía, hombre del partido moderado) calificó de mera calaverada, y que, atendido que brotó á poco de la revolucion de Setiembre, en buena lógica debe suponerse tramado en los tiempos de la prevision y del rigor borbónicos.
La voz del Gobierno Provisional, luego de votado en las Constituyentes el art. 108 de la Constitucion actual, llamó al Congreso á los representantes de la pequeña Antilla (sin duda para los efectos del art. 108 referido) y entonces comenzaron á ponerse en relacion todas las personas que por pagar 500 rs. de contribucion al Estado ó ser individuos de corporaciones científicas, empleados, jefes y oficiales del ejército, doctores y licenciados y profesores de instruccion pública eran electores, con arreglo al decreto del Sr. Lopez de Ayala, fecha 14 de Diciembre de 1868.
La isla se dividió en tres circunscripciones y en el momento de la lucha electoral surgió una division entre los electores; division que no entrañaba resistencia alguna á las reformas políticas, económicas y sociales que eran de esperar, supuesto el voto de las Constituyentes, sino que se referia al grado y alcance da las reformas; y en particular la relativa á la esclavitud. Y buena prueba de ello es la alocucion que en son de despedida dirigieron al país casi todos los diputados electos. En ella se leen estos significativos párrafos:
"Vuestros diputados van á la madre patria, no en busca de medros personales, sino á defender vuestros intereses y derechos, que son los suyos y pedirán para esta Antilla cuanto se necesite para su regeneracion política, social y económica, sin comprometer vuestra tranquilidad y vuestra cara nacionalidad..."
"Esperad, pues, y oponed un corazon fuerte á toda seduccion; aconsejad al que se estravie y manteneos unidos por los más estrechos lazos de la fraternidad, que una vez rotos tarde vuelven á reanudarse y solo dejan en pos de sí amargas lágrimas que dificilmente se enjugan. Habitantes de Puerto-Rico, esperad y pronto os convencereis de que la España regenerada no concluye en las playas de Cádiz; esperad y vuestros diputados probarán que saben cumplir como buenos."[35]
Poco antes se habia publicado en Ponce (ciudad importante de Puerto-Rico y cabeza de la tercera circunscripcion electoral) una exposicion al gobierno de la Península entre cuyos párrafos habia algunos como los siguientes:
"La revolucion de España, juntamente con otros acontecimientos que se han venido sucediendo bajo distintas formas, han señalado aquella, á las Antillas como la medida única y suprema de todos sus sufrimientos, de toda su paciencia, de toda su lealtad. O entrar de lleno á ser partícipes de las libertades de la madre patria ó rotas sus ligaduras, no se les podria vituperar si en tan inesperado caso procedieran por si mismas á atender á sus destinos."[36]
Y esto lo firmaban D. Sebastian Plaja, D. Francisco Marich, D. Antonio Arbizu, D. Luis Becerra, etc., etc., etc.
Las reformas, la asimilacion, el cumplimiento del artículo 108 de la Constitucion de 1869 era hasta aquí la aspiracion unánime de los que á poco se habian de separar por razon no de la cantidad y del grado, sino de la esencia misma de las reformas. Pronto, empero, la division brota, ya presentes los diputados puerto-riqueños en Madrid; y brota decidiéndose los Sres. Plaja, Puig, marqués de la Esperanza, y Machicote por el aplazamiento de las reformas políticas hasta que vinieran los diputados de Cuba (esto es, aceptando el criterio del Sr. Romero Robledo) y mostrándose, los mismos, decididos partidarios de la conservacion de la esclavitud, como lo demostraron el Sr. Puig (¡¡¡hoy obispo de Puerto-Rico!!!) en la junta creada por el Sr. Becerra en Octubre de 1869 para proponer al gobierno las bases para la reforma del órden político y social de la pequeña Antilla; el Sr. Plaja, en plena Cámara Constituyente, abogando entre lacrimoso y asustado y en medio de la indignacion del Congreso por la conservacion del castigo de azotes; y los señores Esperanza y Machicote, siempre silenciosos y siempre elocuentes, ayudando en la medida de sus fuerzas, las enmiendas esclavistas del señor Plaja al proyecto de ley preparatoria de 1870.