Sobre esta base se organizó en Puerto-Rico el partido conservador, obteniendo, gracias á la existencia de los ministerios de conciliacion de 1870 y 71, influjo y poder en la Capitanía general de Puerto-Rico y medios en el ministerio de Ultramar (sobre todo en tiempo del Sr. Ayala, es decir, durante el primer ministerio del rey Amadeo) para prodigar favores á sus adeptos. Por aquel entonces parecia resignado no solo con la ley preparatoria de abolicion, sí que tambien con las leyes municipales y provincial votadas para Puerto-Rico y la reforma de la ley electoral que rebajó el censo á ocho pesos y dió capacidad á todo el que supiese leer y escribir.

Pero llegan las elecciones de diputados provinciales y de diputados á Córtes de 1871.

Entonces levanta bandera, usa el nombre de conservador y declarando que representa una política de atraccion, proclama la necesidad de reformas administrativas y económicas y el principio de «la asimilacion, mediante profundas modificaciones de la Constitucion española de 1869.» ¿Cuáles eran estas modificaciones? ¿Comprendíase en esa asimilacion la cuestion social? ¿Hasta qué punto se aceptaban las conquistas hechas—las leyes de 4 de Junio sobre ayuntamientos y diputaciones provinciales, la representacion en las Córtes españolas, la ley electoral del Sr. Ayala con la modificacion del artículo adicional ó de la ley de 3 de Enero de 1871 (que rebajó el censo á ocho pesos y dió capacidad á todo el que supiera leer y escribir) y en fin, el decreto de libertad de imprenta dado por el general Baldrich el 30 de Agosto de 1870, y en cuya virtud solo quedaba vedado tratar de la esclavitud y de la integridad nacional, cometiéndose á los tribunales el conocimiento de los delitos de imprenta?

Nada de esto decia el manifiesto conservador de 23 de Marzo de 1871, venido al mundo despues de otro fechado el 11 del mismo mes y repartido secretamente á los probables devotos de la nueva Iglesia, pero que por su carácter agresivo y malsonante fué muy luego declarado apócrifo á pesar de su perfecta verosimilitud.

Pero lo que el papel callaba, lo decian bien á las claras las gestiones y los manejos de los se-dicentes conservadores, en el Ministerio de Ultramar de la Metrópoli y los artículos y los sueltos de sus periódicos—en particular, El Español, que por aquel entonces vino á la luz para ser luego eclipsado por El Debate.

Las aspiraciones de los conservadores puerto-riqueños eran en realidad, no dar un paso ni en lo relativo al artículo 108 de la Constitucion ni al 21 de la ley preparatoria del Sr. Moret: conseguir que no se plantease la ley municipal: alzar el censo y escatimar el derecho de sufragio; anular la diputacion provincial y sobre todo tener un capitan general suyo, investido por de contado de las ámplias facultades de los vireyes y capitanes generales, de leyes de Indias, con las que el decreto de libertad de imprenta de Baldrich era ilusion y podrian impedir la renovacion de los tres ayuntamientos de Puerto-Rico, Ponce y Mayagüez (únicos en una isla de 600 habitantes) que quizá les quitase la influencia que venian ejerciendo en ellos por el modo con que fueron constituidos en 1869. Y consiguieron casi todo esto: todo menos lo del censo.

El general Pulido, nombrado por el partido radical para sustituir al general Baldrich se hizo conservador á la caida del ministerio Zorrilla... y anuló la diputacion provincial puerto-riqueña con una série de competencias que al fin ha resuelto el Consejo de Estado en favor de aquella: y no renovó los ayuntamientos: y consiguió que la prensa radical se limitase á teorizar, para enmudecer totalmente durante las elecciones de diputados á Córtes, y en fin, hizo unas elecciones tales que su éxito sorprendió en Madrid á todo el mundo, inclusos el ministerio y los mismos periódicos conservadores.[37]

Despues de la inesperada victoria de Febrero de 1872, el partido conservador cambia de nombre: se llama español; y el general Gomez Pulido da oficialmente cuenta de la lucha de los comicios y de los candidatos respectivos de esta manera: general Sanz—español: general Fernandez de Córdova—radical. De este modo pretendian los conservadores puerto-riqueños (sólo uno habia nacido en la pequeña Antilla) ser estraños á las contiendas políticas de la Península, al par que marcaban á sus adversarios con la señal del antipatriotismo.

En honor de la verdad no consiguieron ni lo uno ni lo otro. Lo de la marca, era soberanamente ridículo y bien lo condenó el Sr. Labra en su discurso del 7 de Mayo de 1872 en medio de los aplausos de diversos lados de la Cámara:

"He prometido, señores diputados, tratar con calma el asunto de las actas de Puerto-Rico, porque no quiero que la pasion mia dañe á la claridad del asunto y á la bondad de la causa. Por eso yo no he de rechazar aquí, no ya con el desden, sí que con la santa ira que ha de encenderse en pechos donde la lealtad se anida, la infame imputacion que á las veces algunos menguados nos hacen, de que al venir á abogar ante la Representacion nacional por los intereses de la civilizacion, la causa de la justicia y la extension á nuestras colonias de esos derechos consignados en nuestra ley fundamental como propios é imprescriptibles del sér humano, y cuya consagracion nos exalta y engrandece á los ojos del siglo xix, despues de haber aparecido ante el mundo como el lastre y compensador de toda la historia, lo hacemos movidos de un resentimiento incalificable, con ánimo de traer sobre nuestra Patria los desastres de una revolucion que amanece por todos los estremos de nuestro imperio colonial; amamantados, en fin, á los pechos de aquella perfidia inmortalizada por el autor del Príncipe, y que tan cómodamente hace su camino en el seno de los pueblos corrompidos y destrozados por el despotismo. No; yo no he comprendido nunca cierto género de acusaciones de esas que no se hacen cara á cara y frente á frente, porque constituirian la mayor injuria posible, pero que sin embargo van siendo muy admitídas en lo que se llama vida política, sin que el mismo que las lanza crea que tienen más gravedad que la de la mera suposicion de un error ó una falta. Y tan no lo comprendo, que á mí nunca se me ocurriria suponer que aquí pudieran venir hombres que levantando la bandera de patria trajesen oculto el puñal con que hubieran de asesinarla á la faz del mundo civilizado."