vuestra hermana es aquella.

—Si mi hermana es, dijo el rey,

fuego malo encienda en ella:

llámenme mis ballesteros,

tírenle sendas saetas,

y á aquel que la errare

que le corten la cabeza.—

Allí hablara el Cid,

d’esta suerte respondiera:

—Mas aquel que la tirare