inclinando sus orejas,

dió su prez y mis fazañas:

¡desdichado dél y d’ellas!

¡Cuando los reyes se pagan

de falsías halagüeñas,

mal parados van los suyos,

luengo mal les viene cerca!

Rey Alfonso, rey Alfonso,

esos cantos de sirena

te adormecen por matarte: