—Lo han nombrado para suceder a lord Tofán en Estrelsau. No podías desear mejor destino fuera de París.

—¡Estrelsau! ¡Tate!—dije mirando a mi hermano de reojo.

—¡Oh! ¡Eso no importa!—continuó Rosa impaciente.—Conque ¿vas o no?

—No, creo que no.

—¡Eres capaz de desesperar a un santo!

—No creo deber ir a Estrelsau, querida Rosa. ¿Te parece que sería... conveniente?

—¡Bah! ¿Quién se acuerda ya de esas vetustas historias?

Por toda respuesta saqué del bolsillo un retrato del rey de Ruritania. Había sido hecho un mes antes de subir al trono y llevaba toda la barba. Lo puse en manos de Rosa y le pregunté:

—Por si no has visto el retrato de Rodolfo V, ahí lo tienes. ¿Crees todavía que nadie se acordará de aquella vieja historia si me presento en la Corte de Ruritania?

Mi cuñada miró el retrato y después a mí.