«Si el Rey duda, consulte al coronel Sarto...»
—¿Eh?—hizo el veterano asombrado.—¿Me toma por tan sandio como a usted?
Indicándole que guardase silencio continué la lectura:
—«Pregúntele qué mujer está más dispuesta que ninguna otra a impedir el matrimonio del Duque con su prima y por consiguiente a impedir también que alcance la corona. Pregúntele si el nombre de esa mujer empieza con A.»
Me puse en pie de un salto y el coronel colocó su pipa sobre la mesa.
—¡Antonieta de Maubán como hay Dios!—exclamé.
—¿Y cómo lo sabe usted?—preguntó Sarto.
Le dije cuanto sabía de aquella dama, y Sarto hizo un ademán de aprobación.
—Lo cierto es—dijo pensativo,—que ha tenido un disgusto serio con el Duque.
—Si quisiera podría sernos útil—observé.