Pero en seguida refunfuñó como acostumbraba.
—¿De qué demonios se ríe usted?
—De cuatro convidados, al figurármelos en torno de cierta mesa...
Y volví a soltar la carcajada, pensando en la ridícula derrota del formidable y malparado trío.
Y como habrá observado el lector, cumplí mi palabra y no disparé hasta que mis enemigos rompieron el fuego.
X
amores por cuenta ajena
Era costumbre establecida que el jefe de la policía me enviase todas las tardes un informe sobre la situación en la capital y el estado de la opinión pública; documento que también contenía datos relativos a las personas que la policía tenía orden de vigilar. Desde mi llegada a Estrelsau, Sarto me leía el referido informe, comentando muchas noticias de interés que solía contener. El día siguiente a mi aventura en el cenador, trajeron el parte de policía en ocasión de hallarme jugando una partida de tresillo con Federico de Tarlein.
—Muy interesante viene el informe de esta tarde—dijo Sarto sentándose.
—¿Habla de cierta aventura nocturna?...