CAPITULO TERCERO
Fr. Bartolomé de las Casas en Guatemala, y el tributo, los mandamientos y las encomiendas de los indios

SUMARIO

Conatos de rebelión de los indios.—Malos tratamientos de que eran víctimas.—Fr. Bartolomé de las Casas.—Su filantrópica misión.—Conquista pacífica de la Verapaz.—Tratado latino del P. Las Casas "De único vocationis modo"—Oposición de la Real Audiencia de Guatemala al obispo Las Casas.—Notas del Cabildo de la ciudad de Guatemala malquistando á Fr. Bartolomé de las Casas con el emperador Carlos V—Trabajos del protector de los indios para que se abolieran los mandamientos.—El servicio personal de los aborígenes en Guatemala.—Las encomiendas.—Opiniones de los jurisconsultos Albornoz, León, Matienzo y Herrera sobre las encomiendas.


Hacíanse las reducciones de los indios á sangre y fuego por los conquistadores, habiéndose aquellos sublevado más de una vez, al contemplar rotos sus ídolos, violadas sus mujeres, y en estado de esclavitud á sus hijos. Los incas se esforzaban heroicamente por recobrar su libertad; los araucanos se alzaron; los aztecas pusieron en conflicto á los españoles en la noche triste; los quichés se revelaron contra el yugo extranjero; los zendales tomaron otra vez las armas, creyendo que volverían á ser los señores de su tierra; y Quiruba, cacique de los jíbaros del Paute, mandó tocar el cuerno del combate contra los blancos, y redujo á cenizas la ciudad de Logroño, arrebatando para sus soldados á todas las mujeres jóvenes, hasta á las monjas de la Concepción, que después fueron, cual otras sabinas, las madres de los hijos de aquellos bárbaros.

Natural era que las naciones de las razas primogénitas de este hemisferio se empeñaran en resistir la servidumbre que les imponían los conquistadores, que cayeron sobre ellas como una terrible maldición, llevando el exterminio y el llanto hasta el pueblo más remoto y la choza más apartada.

En medio de este cuadro de sangre y de dolor, se alza, cual emblema de virtud, de humanidad y de consuelo, el meritísimo Fr. Bartolomé de las Casas, protector ferviente de los indios, que vino para abolir aquí los tributos de jóvenes y niñas, entregadas á la liviandad de los conquistadores; para poner término á la hoguera y á la horca; y para abogar contra la rudeza de los mandamientos y encomiendas[138]. Diríase que fué el angel bueno, que enjugaba las lágrimas de los infelices conquistados[139]. Fr. Bartolomé de las Casas es el modelo de la fe, la piedad y el espíritu verdaderamente cristiano, que contrasta con el fanatismo feroz de Luque, Dávila y Valverde[140].

Cuando se considera que la aberración y la codicia pusieron en duda hasta la racionalidad de los aborígenes, y que el orgullo de los conquistadores, en todas las épocas y en todas las naciones, ha visto con odio á los que han sucumbido á la fuerza del destino; se magnifica y se eleva el filantrópico misionero que abogaba por la raza vencida, á pesar del torrente de las ideas y de la oposición de los dominadores. Mientras que don Pedro de Alvarado había sometido á los indios, por medio del terror en las tierras vecinas al golfo de Honduras, el piadoso domínico se preparaba para la conquista pacífica de la región más rica que había entonces, por estas primitivas comarcas. Denominábase tierra de guerra, lo que después llamóse Vera Paz, nombre que revela la tranquilidad á que llegaron aquellos pueblos, por el convencimiento y no por la fuerza de las armas. El P. Las Casas había escrito un tratado latino, con el nombre de "Verdadero modo de convertir" (De único vocationis modo), por medio de la predicación. Hizo componer en lengua quiché sencillas canciones, en que estaban expuestas las doctrinas fundamentales de la religión cristiana, y dispuso que aprendiesen á cantarlas algunos de los naturales, que ya se habían sometido, y que después se presentaban como mercaderes para despertar la curiosidad de los pueblos que iban á reconocer. La novedad de las baratijas que vendían, y el canto y música que empleaban, dice Remesal, atrajo pronto á los curiosos de Tesulutlán, que en 1537, fueron visitados en persona por el mismo Fr. Bartolomé, pacífico redentor de los indios bravos de la Vera-Paz.[141]