Un poco peor es la otra costumbre de que sólo los indios vayan á limpiar y componer de balde los caminos, puentes y calzadas. No hay motivo para que los ladinos se eximan de este trabajo tan útil como necesario. Si los ladinos llevasen siquiera por mitad el peso de esta costumbre, no cargaría sólo sobre los indios la pérdida de los tres mil trescientos ochenta jornales que se invierten en estas operaciones según el plano número 7. A este total, debe agregarse los días que pierden las indias, ya en preparar el bastimento que deben llevar á sus maridos, y en llevarlo ellas mísmas.

Por el plano número 8 se verá que otros mil ochenta jornales son los que pierden gratuitamente en composturas y refacciones de casas parroquiales, iglesias y cabildos. También de esta costumbre están libres los ladinos, así como lo están de todas las demás que dejo expuestas.

Todas ellas se impusieron, como se ha indicado, cuando los pueblos eran muy numerosos, y se hallaban en un estado pujante de cacaotales y demás ramos de agricultura. Luego quedó la carga de los mismos entables, aun faltando sus causales y justificantes, sólo en fuerza del hábito y de la costumbre. Bien sé que esto hace ley, pero como dice oportunamente el P. Terreros en la definición de dicha voz "esta se debe entender cuando es buena en orden á seguirla y cuando mala en orden á huirla por su tiranía y dominio"....

Es verdad que los indios están muy pegados á lo que ellos llaman costumbres; porque como siempre temen empeorar de situación, prefieren un mal conocido á todo bien que no alcanzan á ver y no creen posible. Aman sus costumbres, como aquella vieja de Siracusa rogaba al cielo por su Dionisio. Pero este apego de los indios, sólo se exprimenta cuando se trata de establecer algún nuevo orden de cosas: mientras se está tratando, mientras se habla, se proyecta, se amaga para lo futuro, mientras el negocio no pasa de la hipótesis á la realidad y de la teórica á la verificación. Hágaseles conocer experimentalmente, que con motivo de quitarles una mala costumbre, no se les pone otra peor como les está sucediendo casi siempre, y se verá con que gusto y prontitud abrazan la exoneración de cuantas tienen. Todo hombre, y muchísimo más el hombre infeliz, ama la bondad por sí misma, y porque en ella cree verdaderamente existente cuanto cabe en las ilusiones de su esperanza y deseo. Y el indio será insensible ó resistente á esta inclinación, que es una de las más generales de la naturaleza!"....

Habiendo expuesto el observador sus reflexiones sobre las costumbres, comprendiendo en esta denominación todo lo antedicho de cofradías, sacristías, servicio y demás tequios[172] de los indios, pasa á vituperar los abusos (no el establecimiento) de las escuelas de los indizuelos, milpas de comunidad etc. produciendo á más de los tres estados, de que se ha hecho mención, otros once individuales, que evidencian matemáticamente la enorme pérdida de jornales, que pierden forzosamente al año los indios de la provincia de Suchitepéquez, sin ganar nada para sí, ni para la agricultura, cuya recapitulación de dichos estados es como sigue:

Jornales Perdidos.
1Por la institución y servicio de cofradías160,734.
2Por la asistencia, y servidumbre de la sacristía74,648.
3Por el servicio personal de conventos40,334.
4Por la ración de leña y zacate de los mismos12,775.
5Por el ramo de pescadores parroquiales9,584.
6Por la conducción de tributos á la capital1,320.
7Por las limpias y composturas de caminos públicos3,380.
8Por composturas y refacciones de conventos etc. etc.1,080.
9Por los empleados de Cabildos y Justicias77,959.
10Por el desperdicio que hay en las milpas de Comunidad17,036.
11Por el orden de escuelas9,030.
Total407,880.

En esta suma, tan espantosa como infalible, no se incluyen los ciento sesenta mil setecientos treinta y cuatro jornales de las indias de cofradía de que habla el Estado número 1.o, ni los trece mil quinientos cinco de las molenderas, especificadas en otro estado, cuyas dos cantidades componen la de ciento setenta y cuatro mil doscientos treinta jornales de mujer, que aunque no se reputen más que á medio real de valor cada uno, forman la suma de diez mil ochocientos ochenta y nueve pesos, siete y medio reales anuales, que equivale talvez á la que podían necesitar las mismas indias para vestirse todo el año.

La pérdida de los cuatrocientos siete mil ochocientos ochenta jornales de los indios á razón de real y medio cada uno, valen en numerario setenta y seis mil cuatrocientos setenta y siete pesos, cuya cantidad produce menos ventajas que si se echasen al río año con año. Con dichos cuatrocientos siete mil, ochocientos ocho jornales que se pierden tan míseramente, había para cultivar casi doble número de cacaotales de los que hay en la provincia.

Si se pregunta, porqué los cacaotales se han perdido y enmontado? porqué se han esterilizado los que parecen limpios? porqué se han abandonado la siembra y beneficio del jiquilite, y de la grana, que antes se cultivaban en estos pueblos? Por qué en ellos no hay ya cosechas ni cuidado del ramo de vainillas, en otro tiempo tan pujante? ¿porqué no hay haciendas ni milpas, ni algodonares correspondientes á la extensión y feracidad de su terreno? ¿porqué se han ido arruinando las poblaciones, los caminos, las iglesias, y lo demás que se divisa de estos objetos, el número de indios, el comercio, la piedad y la moral popular? A todo se debe responder: porque se hace perder á los indios más de medio millón de jornales al año. Si se reproduce: ¿porqué los jueces de provincia no remedian este espantoso y necio desperdicio? Se responde: no lo hacen, porque algunos no saben, porque otros no se atreven, porque otros no quieren, y porque no pueden.