Los hombres inteligentes no vieron con indiferencia el llamamiento que este ilustre cuerpo hacía al celo patriótico de los guatemaltecos. Diez memorias se presentaron al concurso, y fueron examinadas y discutidas por una comisión compuesta de los sujetos más competentes é imparciales. Una que estaba señalada con el número 7 y se distinguía por el siguiente epígrafe, tomado de una Oda de Horacio: "Odi profamum Vulgus, et arceo," fué calificada como la más digna del premio; y abierto el pliego cerrado, que contenía el nombre del autor, se encontró ser el del P. Fr. Matías Córdova. Obtuvo el "accessit" la del P. Fr. Antonio de San José Muro, Asistente general del Orden Bethlemítico, que la envió desde Méjico, donde residía. El Dr. Córdova recibió el día 12 de Diciembre de 1797, en un acto público y solemne, á que concurrieron las personas más distinguidas de la ciudad, y sobre ochenta maestros artesanos, el título de Socio de Mérito y la medalla de oro de tres onzas de peso, con el busto del monarca reinante, las armas reales, inscripciones y símbolos alusivos al asunto. En aquella época habían recibido el título de Socios de Mérito dos sujetos solamente: el hábil ingeniero don Antonio Porta y el sabio naturalista don José Longinos Martínez, bajo cuya dirección se formó el primer gabinete de historia natural que hubo en Guatemala. Esa circunstancia hace más valiosa la honra concedida al P. Córdova.
La Memoria premiada está escrita con sencillez, claridad y buena lógica, y propone los medios más adecuados para ir logrando, poco á poco, destruir las preocupaciones que, á juicio del autor, son, más aún que la falta de medios, las que se oponen á que las clases india y ladina entren de lleno á participar de todos los beneficios de la vida civil, y contribuyan al fomento del comercio, industria y artes. Contiene algunos pensamientos que me parecen dignos de recordarse. Hablando de la influencia que el traje ejerce en la opinión, dice: "No acabamos de creer que el vestido forma la opinión, por una fuerza con que atrae á los hombres la exterioridad. Todavía no basta la experiencia para hacernos conocer que los medios directos no son los más eficaces, y que es preciso valerse de algunas flaquezas del corazón, para fortalecerlo en la virtud." Aludiendo á la funesta propensión de la clase indígena al vicio de la embriaguez, el elocuente religioso se expresa en estos términos, que no sé si podrían considerarse hoy como harto previsores: "Si no se emprende mantener el equilibrio de las necesidades, cada día hará más progresos la embriaguez."[187]
En el Archivo antiguo de la extinguida Sociedad Económica de Guatemala, que se conserva en la Biblioteca Nacional, se registra el legajo que lleva el número 2, y en él se encuentra un expediente compuesto de sesenta y nueve fojas, que revela con claridad el sistema político del reinado de Carlos IV de España, con respecto á las colonias de América, en contraposición al del ilustre Carlos III. En dicho expediente aparece que en el año 1799, aquella patriótica asociación abrió otros concursos, no sólo en materias artísticas é industriales, sino también en asuntos económicos de harta trascendencia, ofreciendo premios para el que desarrollase tesis ó proposiciones, como esta: "A la que demuestre más fundadamente la utilidad del establecimiento general de escuelas de primeras letras en los pueblos de indios; obstáculos que hasta aquí lo han impedido, y arbitrios para que removidas éstas, puedan lograr los naturales la conveniente instrucción recomendada por diferentes reales cédulas (alude á las de Carlos III).
Hombres como Villa Urrutia, Goicoechea, el Dr. Flores, el Dr. Rayón, Mociño, Longinos y otros sabios, pretendieron regenerar el país; pero ¿cuál sería su asombro y su dolor cuando después de enviar á España algunos de los trabajos presentados á los concursos, se recibió por toda respuesta la Real Cédula, que existe auténtica en el expediente, y que dice así: "Habiendo dado cuenta al rey de la memoria impresa, que acompañó V. S. á su carta de 3 de Junio último, escrita por el socio de mérito Fr. Antonio Muro del orden Bethlemítico, en la que intenta persuadir la utilidad y medios de que los indios y ladinos vistan y calcen á la española: ha resuelto S. M. por justas causas y consideraciones, que esa Sociedad Económica, de que V. S. es Director, cese enteramente en sus juntas, actos y ejercicios. Lo que de Real orden aviso á V. S., para que haciendo saber esta real resolución á los individuos que la componen, tenga cumplido efecto, avisando V. S. las resultas.—Dios guarde á V. S. muchos años. San Lorenzo, 23 de Noviembre de 1799.—Joseph Antonio de Caballero." El señor Villa Urrutia, que era el Director de la Sociedad Económica, sintió en el alma esta resolución, como lo expresa en una elocuente nota que dirigió al Capitán General y Gobernador, don José Domás y Valle. Así quedó disuelta la Sociedad Económica de Amigos del País, el 16 de Julio de 1800, y no volvió á restablecerse hasta 1811.
En cinco fojas útiles existe en el mismo Archivo que queda citado, una certificación del Juez Preventivo de San Agustín Acasaguastlán, del año 1798, en la que testifica que el Cura y Vicario don Tomás Calderón, tenía fundadas en dicho pueblo cinco escuelas de artes y oficios para varones, á saber: sastres, zapateros, herreros, pintores y canteros, á las que concurrían gustosos los indios; y pronto, dice, establecería una de mujeres. Además, certifica: que el mismo cura, con el objeto de estimular á los indios, había hecho grandes plantaciones de trigo y lino, en las montañas hacia el norte del pueblo.
Por ese tiempo se tomaba empeño en acrecentar la civilización de los indios, como puede notarse también por una memoria escrita por el Socio de la Económica, Dr. don Antonio García Redondo, sobre el fomento del cacao, el bienestar de los naturales y varios ramos agrícolas. Es de citarse igualmente, á tal respecto, la comunicación que dirigió Fr. José Muñoz, Guardián de Totonicapán, en la que da cuenta á la Sociedad Económica de hallarse vestidos á la española varios indígenas, traje que hasta hoy conservan muchos de ese pueblo.
Pero, ni los esfuerzos de aquella patriótica institución, ni las sugestiones del Real Consulado de Comercio del reino de Guatemala á las Cortes Españolas, de las cuales hablé largamente en el capítulo V de la segunda parte, pudieron dar resultados en pro de los indios; porque las turbulencias en la misma España, los vaivenes políticos y la entronización posterior del absolutismo, no dejaban lugar para promover la cultura de América. La feroz reacción que en un rapto de venganza, sumió á la heroica patria del Cid en hondo abismo; los destellos de la alborada de la independencia de Hispano-América en 1810, y los odios que se extremaban entre españoles peninsulares y americanos, no constituían por cierto propicias circunstancias para promover entonces la indiana civilización.
Por lo demás, la Sociedad Económica de Amigos de Guatemala, no sólo se interesó por la riqueza del país, fomentando la agricultura, la industria y las artes útiles, sino que más de una vez apuntó muchos de los errores tradicionales que en Guatemala subsistían. El sistema romano de la propiedad rural; las leyes que cohibían el dominio; el antiguo régimen hipotecario, las trabas impuestas á las enajenaciones; los censos; los bienes en común; las vinculaciones; y tantas otras rémoras al desarrollo agrícola, fueron censuradas muchas veces en las publicaciones de aquella asociación, á la cual tánto debe la República. Desde principios del siglo, se clamaba contra el pésimo sistema, heredado de España, de tener la tierra repartida en ejidos, sin que los indios contasen con propiedad particular, y poseyendo los pocos hacendados españoles áreas inmensas de centenares de caballerías sin cultivo. Lo que hace la división de labores en las artes—decía un periódico del año 1823—obra también en la agricultura la división de las tierras. Cuando los visigodos ocuparon á España, refiere Jovellanos, se adjudicaron los conquistadores los dos tercios de la tierra; y lo mismo parece haberse verificado en el continente americano por sus pacificadores. En los principios, se asignaron términos comunes á los concejos y lugares, y tierras en propiedad á los vecinos primígenas y colonos para sus sementeras y crianzas. Pero ya el Sr. Carlos V, en cédula de 1o de Noviembre de 1591, comunicada á este reino, advierte que los segundos habían ocupado la mejor y la mayor parte de toda la tierra, sin que los concejos é indios tengan lo que necesariamente han menester. "El Amigo de la Patria" en el número de 15 de Mayo de 1821, forma un estado comparativo de las tierras que poseían unos y otros, y deduce de él, que las tierras de los indios son un tercio de las tierras de los españoles y ladinos.[188]
Pero en realidad, la desamortización de la tierra, no se realizó sino hasta que se expidieron las leyes de redención de censos[189], de reducción á propiedad particular de los terrenos ejidales y supresión de cofradías y servicios parroquiales. Esas leyes afectaron naturalmente á los indios, sin ponerlos en aptitud de adquirir terrenos de propiedad particular, porque fueron los ladinos los que más compraron tierras y denunciaron ejidos.