—¡A darle una paliza que lo deslome!

Enloquecida de miedo, gemía:

—¡Soy una señora! ¡Por Dios! ¡Por Dios!

Una de las hembras tuvo una idea luminosa:

—¡A verlo! ¡Desnudarle!

Diez manos audaces se posaron en ella para consumar el sacrificio; pero atraídos por el escándalo, acudían ya el sereno y unos guardias:

—¡A ver si sus llevamos a la Delegación! ¿Qué escándalo es este?

Todos quisieron explicar a la autoridad su acción vindicadora:

—Es que...

—El tío este...