representando uno y otro á Hernan Cortés como á quien lo podia remediar, y mirándole como á Deidad que baxaba del Cielo con jurisdiccion sobre los tiranos. El las escuchó compadecido, y procuró mantenerlos en la esperanza del remedio, dexándose llevar por entónces del concepto en que le tenian, ó resistiendo á su engaño con alguna falsedad. No pasaba en estas permisiones de su política los términos de la modestia; pero tampoco gustaba de obscurecer su fama, donde se miraba como parte de razon el desvarío de aquella gente.

Volvióse á la marcha el dia siguiente, y se caminaron quatro leguas por tierra de mejor temple y mayor amenidad, donde se conocia el favor de la naturaleza en las arboledas, y el beneficio del arte en los jardines. Hizose alto en Amecameca, donde se alojó el exército: lugar de mediana poblacion, fundado en una ensenada de la gran lagúna, la mitad en tierra firme al pie de una montañuela estéril y fragosa. Concurrieron aquí muchos Mexicanos con sus armas y adornos militares: y aunque al principio se creyó que los traía la curiosidad, creció tanto el número, que dieron cuidado; y no faltaron indicios que persuadiesen al rezelo. Valióse Cortés de algunas exterioridades para detenerlos y atemorizarlos: hizose ruido con las bocas de fuego: dispararonse al ayre algunas piezas de artillería: ponderóse, y aun se provocó la ferocidad de los caballos, cuidando, los intérpretes de dar significacion al estruendo, y engrandecer el peligro; por cuyo medio se consiguió el apartarlos del alojamiento ántes que cerrase la noche. No se verificó que viniesen con ánimo de ofender, ni parece verisímil que se intentáse nueva traycion, quando estaba Motezuma reducido á dexarse ver; aunque despues mataron las centinelas algunos Indios sobre acercarse demasiado con apariencias de reconocer el quartel: y pudo ser que alguno de los caudillos Mexicanos conduxese aquella gente con ánimo de asaltar cautelosamente á los Españoles, creyendo no sería desagradable á su Rey, por considerarle rendido á la paz con repugnancia de su natural y de su conveniencia; pero esto se quedó en presuncion, porque á la mañana solo se descubrieron en el camino que se habia de seguir algunas tropas de gente desarmada, que tomaban lugar para ver á los extrangeros.

Tratábase ya de poner en marcha el exército, quando llegaron al quartel quatro Caballeros Mexicanos con aviso de que venía el Príncipe Cacumatzin, sobrino de Motezuma, y Señor de Tezcuco á visitar á Cortés de parte de su tio; y tardó poco en llegar. Acompañábanle muchos nobles con insignias de paz y ricamente adornados. Traíanle sobre sus hombros otros Indios de su familia en unas andas cubiertas de varias plumas, cuya diversidad de colores se correspondia con proporcion. Era mozo de hasta veinte y cinco años, de recomendable presencia: y luego que se apeó, pasaron delante algunos de sus criados á varrer el suelo que habia de pisar, y á desviar con grandes ademanes y contenencias la gente de los lados: ceremonias, que siendo ridículas, daban autoridad. Salió Cortés á recibirle hasta la puerta de su alojamiento con todo aquel aparato de que adornaba su persona en semejantes funciones. Hizole al llegar una cumplida reverencia, y él correspondió tocando la tierra, y despues los labios con la mano derecha. Tomó su lugar despejadamente, y habló con sosiego de hombre que sabía estar sin admiracion á vista de la novedad. La substancia de su razonamiento fué:

"Dar la bien venida, con palabras puestas en su lugar, á Cortés y á todos los Cabos de su exército: ponderar la gratitud con que los esperaba el Gran Motezuma, y quánto deseaba la correspondencia y amistad de aquel Príncipe del oriente que los enviaba: cuya grandeza debia reconocer por algunas razones que entenderian de su boca:"

y por via de discurso propio volvió á dificultar, como los demas Embaxadores, la entrada de México,

"fingiendo que se padecia esterilidad en todos los pueblos de su contribucion: y proponiendo, como punto que sentia su Rey, lo mal asistidos que se hallarian los Españoles donde faltaba el sustento para los vecinos."

Cortés respondió, sin apartarse del misterio con que iba cebando las aprehensiones de aquella gente:

"Que su Rey, siendo un Monarca sin igual en otro mundo cercano al nacimiento del sol, tenia tambien algunas razones de alta consideracion para ofrecer su amistad á Motezuma, y comunicarle diferentes noticias que miraban á su persona y esencial conveniencia: cuya proposicion no desmereceria su gratitud; ni él podia dexar de admitir con singular estimacion la licencia que se le concedia para dar su embaxada, sin que le hiciese algun embarazo la esterilidad que se padecia en aquella Corte: porque sus Españoles necesitaban de poco alimento para conservar sus fuerzas, y venian enseñados á padecer y despreciar las incomodidades y trabajos de que se afligian los hombres de inferior naturaleza."

No tuvo Cacumatzin que replicar á esta resolucion; ántes recibió con estimacion y rendimiento algunas joyuelas de vidrio extraordinario que le dió Cortés: y acompañó el exército hasta Tezcuco, ciudad capital de su dominio, donde se adelantó con la respuesta de su embaxada.