CAPITULO XVI.

Dáse noticia de las grandes riquezas de Motezuma, del estílo con que se administraba la hacienda, y se cuidaba de la justicia: con otras particularidades del gobierno político y militar de los Mexicanos.

Era Príncipe tan rico Motezuma, que, no solo podia sustentar los gastos y delicias de su corte, pero mantenia continuamente dos ó tres exércitos en campaña para sujetar sus rebeldes, ó cubrir sus fronteras; y sobraba caudal opulento de que se formaban sus tesoros. Daban grande utilidad á la corona las minas de oro y plata, las salinas, y otros derechos de antigua introduccion; pero el mayor capital de las rentas reales se componia de las contribuciones de los vasallos, cuya imposicion creció con exôrbitancia en tiempo de Motezuma. Todos los hombres llanos de aquel vasto y populoso dominio pagaban de tres uno al Rey de sus labranzas y grangerías: los pobres conducian sin estipendio los géneros que se remitian á la corte ó reconocian el vasallage con otro servicio personal.

Andaban por el Reyno diferentes audiencias, que, con el auxîlio de las justicias ordinarias, iban cobrando y remitiendo los tributos. Dependian estos ministros del tribunal de hacienda, que residia en la corte, obligados á dar cuenta por menor de lo que producian sus distritos; y se castigaban con pena de la vida sus fraudes ó sus descuidos, de que resultaba mayor violencia en las cobranzas; porque se miraban como igual delito en el executor la piedad y el latrocinio.

Eran grandes los clamores de los pueblos, y no los ignoraba Motezuma; pero solia poner entre los primores de su gobierno la opresion de sus vasallos; diciendo muchas veces que conocia su mala inclinacion, y que necesitaban de aquella carga para su misma quietud, porque no los pudiera sujetar si los dexára enriquecer. ¡Grande hombre de buscar pretextos y colores que hiciesen el oficio de la razon! Los lugares vecinos á la ciudad daban gente para las obras reales, proveían de leña el palacio, y pagaban otras pensiones á costa de sus comunidades.

Los nobles contribuian con asistir á las guardias, acudian con sus vasallos á los exércitos, y hacian contínuos presentes al Rey, que se recibian como dádivas, sin perder el nombre de obligacion. Habia diferentes depositarios y tesoreros donde paraban los géneros que procedian de las contribuciones: y el tribunal de hacienda libraba en ellos todo lo necesario para el gasto de las casas reales, y provisiones de la guerra; y cuidaba de que se fuese beneficiando lo que sobraba, para guardarlo en el tesoro principal, reducido á géneros durables, y particularmente á piezas de oro, cuyo valor conocian y estimaban, sin que la copia llegáse á envilecerle; ántes le apetecian y guardaban los poderosos, ó bien fuese por la nobleza y hermosura del metal, ó porque nació destinado á la codicia mas que á la necesidad de los hombres.

Tenian los Mexicanos dispuesto y organizado su gobierno con notable concierto y armonía. Demas del consejo de hacienda, que corria, como hemos dicho, con las dependencias del patrimonio real, habia consejo de justicia, donde venian las apelaciones de los tribunales inferiores: consejo de guerra, donde se cuidaba de la formacion y asistencias de los exércitos: y consejo de estado que se hacia las mas veces en presencia del Rey, donde se trataban los negocios de mayor peso. Habia tambien jueces del comercio y del abasto, y otro género de ministros, como Alcaldes de corte que rondaban la ciudad, y perseguian los delinqüentes. Traían sus varas ellos y sus alguaciles para ser conocidos por la insignia del oficio, y tenian su tribunal donde se juntaban á oir las partes, y determinar los pleytos en primera instancia. Los juicios eran sumarios y verbales: el actor y el reo comparecian con su razon y sus testigos, y el pleyto se acababa de una vez, durando poco mas, si era materia de recurso á tribunal superior. No tenian leyes escritas; pero se gobernaban por el estílo de sus mayores, supliendo la costumbre por la ley siempre que la voluntad del Príncipe no alteraba la costumbre. Todos estos consejos se componian de personas experimentadas en los cargos de la paz y de la guerra: y el de estado, superior á todos los demas, se formaba de los Electores del Imperio, á cuya dignidad ascendian los Príncipes ancianos de la sangre Real: y quando se ofrecia materia de mucha consideracion, eran llamados al consejo los Reyes de Tezcuco y Tacuba, principales Electores, á quien tocaba por sucesion esta prerogativa. Los quatro primeros vivian en palacio, y andaban siempre cerca del Rey, para darle su parecer en lo que se ofrecia y autorizar con el pueblo sus resoluciones.

Cuidaban del premio y del castigo con igual atencion. Eran delitos capitales el homicidio, el hurto, el adulterio, y qualquier leve desacato contra el Rey ó contra la religion. Las demas culpas se perdonaban con facilidad, porque la misma religion desarmaba la justicia permitiendo las iniquidades. Castigábase tambien con pena de la vida la falta de integridad en los ministros, sin que se diese culpa venial en los que servian oficio público: y Motezuma puso en mayor observancia esta costumbre, haciendo exquisitas diligencias para saber como procedian, hasta exâminar su desinterés con algunos regalos ofrecidos por mano de sus confidentes; y el que faltaba en algo á su obligacion, moria por ello irremisiblemente: severidad que merecia Príncipe ménos bárbaro, y república mejor acostumbrada. Pero no se puede negar á los Mexicanos que tuvieron algunas virtudes morales, y particularmente la de procurar que se administráse con rectitud aquel género de justicia que llegaron á conocer, bastante á deshacer los agravios, y á mantener la sociedad entre los suyos: porque no dexaban de conservar entre sus abusos y bestialidades algunas luces de aquella primitiva equidad que dió á los hombres la naturaleza, quando faltaban las leyes, porque se ignoraban los delitos.

Una de las atenciones mas notables de su gobierno era el cuidado con que se trataba la educacion de los muchachos, y el desvelo con que iban formando y reconociendo sus inclinaciones. Tenian escuelas públicas para la enseñanza de la gente popular, y otros colegios ó seminarios de mayor providencia y aparato donde se criaban los hijos de los nobles: perseverando en ellos desde la tierna edad, hasta que salian capaces de hacer su fortuna, ó seguir su inclinacion. Habia maestros de niñez, adolescencia y juventud, que tenian autoridad y estimacion de ministros; y no sin fundamento, pues cuidaban de aquellos rudimentos y exercicios que aprovechaban despues á la república. Allí los enseñaban á descifrar los caractéres y figuras de que se componian sus escritos, y los hacian tomar de memoria las canciones historiales en que se contenian los hechos de sus mayores, y las alabanzas de sus Dioses. Pasaban despues á otra clase, donde se aprendia la modestia y la cortesía, y dicen que hasta la compostura en el andar. Eran de mayor suposicion estos segundos preceptores, porque tenian á su cargo las costumbres de aquella edad, en que se dexan corregir los defectos y quebrantar las pasiones.

Despiertos ya, y crecidos en este género de sujecion y enseñanza, pasaban á la tercera clase, donde se habilitaban en exercicios mas robustos: probaban las fuerzas en el peso y la lucha, competian unos con otros en el salto y la carrera, y se enseñaban á manejar las armas, esgrimir el montante, despedir el dardo, y dar impulso y certidumbre á la flecha: hacianlos sufrir la hambre y la sed: y tenian sus ratos de resistir á las inclemencias del tiempo, hasta que volvian hábiles y endurecidos á la casa de sus padres, para ser aplicados, segun la noticia que daban los maestros de su inclinacion, al gobierno político, al exercicio militar, ó al sacerdocio: tres caminos en que podia elegir la gente noble, poco diferentes en la estimacion, aunque precedia el de la guerra, por ser mayores sus ascensos.