No quedó satisfecho Hernan Cortés con esta demostracion; ántes proponia entre los suyos que se derribasen los ídolos, trayendo en conseqüencia la faccion y el suceso de Zempoala; como si fuera lo mismo intentar semejante novedad en lugar de tanto mayor poblacion: engañabale su zelo, y no le desengañaba su ánimo. Pero el Padre Fray Bartolomé de Olmedo le puso en razon, diciéndole con entereza religiosa:
"Que no estaba sin escrúpulo de la fuerza que se hizo á los de Zempoala: porque se compadecian mal la violencia y el Evangelio; y aquello en la substancia era derribar los altares, y dexar los ídolos en el corazon. A que añadió: que la empresa de reducir aquellos Gentiles pedia mas tiempo y mas suavidad: porque no era buen camino para darles á conocer su engaño, malquistar con torcedores la verdad; y ántes de introducir á Dios, se debia desterrar al demonio: guerra de otra milicia y de otras armas."
A cuya persuasion y autoridad rindió Hernan Cortés su dictámen, reprimiendo los ímpetus de su piedad; y de allí adelante se trató solamente de ganar y disponer las voluntades de aquellos Indios, haciendo amable con las obras la Religion, para que, á vista de ellas, conociesen la disonancia y abominacion de sus costumbres, y por estas la deformidad y torpeza de sus Dioses.
CAPITULO IV.
Despacha Hernan Cortés los Embaxadores de Motezuma. Reconoce Diego de Ordaz el volcan de Popocatepec, y se resuelve la jornada por Cholúla.
Pasados tres ó quatro dias, que se gastaron en estas primeras funciones de Tlascála, volvió el ánimo Cortés al despacho de los Embaxadores Mexicanos. Detuvolos para que viesen totalmente rendidos á los que tenian por indómitos: y la respuesta que les dió fué breve y artificiosa:
"Que dixesen á Motezuma lo que llevaban entendido, y habia pasado en su presencia: las instancias y demostraciones con que solicitaron y merecieron la paz los de Tlascála: el afecto y buena correspondencia con que la mantenian: que ya estaban á su disposicion, y era tan dueño de sus voluntades, que esperaba reducirlos á la obediencia de su Príncipe, siendo esta una de las conveniencias que resultarian de su embaxada, entre otras de mayor importancia, que le obligaban á continuar el viage, y á solicitar entónces su benignidad, para merecer despues su agradecimiento."
Con cuyo despacho, y la escolta que pareció necesaria, partieron luego los Embaxadores mas enterados de la verdad, que satisfechos de la respuesta. Y Hernan Cortés se halló empeñado en detenerse algunos dias en Tlascála, porque iban llegando á dar la obediencia los pueblos principales de la república, y las naciones de su confederacion, cuyo acto se revalidaba con instrumento público, y se autorizaba con el nombre del Rey Don Carlos, conocido ya y venerado entre aquellos Indios con un género de verdad en la sujecion, que se dexaba colegir del respeto que tenian á sus vasallos.