Leonor, Jimena, y Don Guillén[23]

Guillén. Mil quejas tengo que daros,
si oírme, hermana, queréis.

Leonor. Hablar, don Guillén, podéis,
que pronta estoy a escucharos.
Si a hablar del Conde venís,
que será en vano os advierto,
y me enojaré por cierto
si en tal tema persistís.

Guillén. Poco estimáis, Leonor,
el brillo de vuestra cuna,
menospreciando al de Luna[24]
por un simple trovador.
¿Qué visteis, hermana, en él
para así tratarle impía?
¿No supera en bizarría
al más apuesto doncel?
¿A caballo, en el torneo,
no admirasteis su pujanza?
A los botes de su lanza...

Leonor. Que cayó de un bote creo.

Guillén. En fin, mi palabra di
De que suya habéis de ser,
y cumplirla he menester.

Leonor. ¿Y vos[25] disponéis de mí?

Guillén. O soy o no vuestro hermano.

Leonor. Nunca lo fuerais,[26] por Dios,
que me dio mi madre en vos,
en vez de amigo, un tirano.

Guillén. En fin, ya os dije mi intento:
ved cómo se ha de cumplir.