Leonor. Ninguna;
él murió ya.

Jimena. Tal vez luego
se borrará de tu mente
ese recuerdo funesto.
El mal, como la ventura,
todo pasa con el tiempo.

Leonor. Estoy resuelta; ya no hay
felicidad, ni la quiero,
en el mundo para mí;
sólo morir apetezco.
Acompáñame, Jimena.

Jimena. Estás temblando.

Leonor. Sí; tiemblo
porque a ofender voy a Dios
con pérfido juramento.

Jimena. ¿Qué decís?

Leonor. ¡Ay! Todavía
delante de mí le tengo,
y Dios, y el altar, y el mundo
olvido cuando le veo.
Y siempre viéndole estoy,
amante, dichoso y tierno...
mas no existe, es ilusión
que imagina mi deseo.
¡Vamos!

Jimena. ¡Leonor!

Leonor. Vamos pronto;
le olvidaré, lo prometo.
Dios me ayudará... sosténme,
que apenas tenerme puedo.

ESCENA VII