El teatro representa una celda; en el fondo, a la izquierda, habrá un reclinatorio, en el cual estará arrodillada Leonor; se ve un crucifijo pendiente de la pared delante del reclinatorio

Leonor. Ya el sacrificio que odié
mi labio trémulo y frió
consumó... perdón, Dios mío,
perdona si te ultrajé.
Llorar triste y suspirar
sólo puedo; ay, Señor, no...
tuya no debo ser yo,
recházame de tu altar.
Los votos que allí te hiciera
fueron votos de dolor,
arrancados al temor
de un alma tierna y sincera.
Cuando en el ara fatal
eterna fe te juraba
mi mente ¡ay Dios! se extasiaba
en la imagen de un mortal.
Imagen que vive en mí,
hermosa, pura y constante...
No, tu poder no es bastante
a separarla de aquí.
Perdona, Dios de bondad;
perdona, sé que te ofendo;
vibra tu rayo tremendo,
y confunde mi impiedad.
Mas no puedo en mi inquietud
arrancar del corazón
esta violenta pasión,
que es mayor que mi virtud.
Tiempos en que amor solía
calmar piadoso mi afán,
¿qué os hicisteis?[62] ¿Dónde están
vuestra gloria y mi alegría?
¿De amor el suspiro tierno
y aquel placer sin igual,
tan breve para mi mal
aunque en mi memoria eterno?
Ya pasó... mi juventud
los tiranos marchitaron,
y a mi vida prepararon
junto al altar el ataúd.
Ilusiones engañosas,
livianas como el placer,
no aumentéis mi padecer...
¡Sois por mi mal tan hermosas!

(Una voz, acompañada de un laúd, canta las siguientes estrofas después de un breve preludio, Leonor manifiesta entre tanto la mayor agitación.)

Camina orillas del Ebro
caballero lidiador,
puesta en la cuja la lanza
que mil contrarios venció.
Despierta, Leonor,
Leonor.
Buscando viene anhelante
a la prenda[63] de su amor,
a su pesar consagrada
en los altares de Dios.
Despierta, Leonor,
Leonor.

Leonor. Sueños, dejadme gozar...
no hay duda... él es... Trovador...
(Viendo entrar a Manrique.)
¿será posible?...

Manrique. ¡Leonor!

Leonor. ¡Gran Dios! Ya puedo espirar.

ESCENA V

Manrique y Leonor

Manrique. Te encuentro al fin, Leonor.