Una Voz, dentro. Hagan bien para hacer bien
por el alma de este hombre.[84]

Leonor. Ese lúgubre clamor...
¿O tal vez lo escuché mal?
No, no... ¡Ya la hora fatal
ha llegado, trovador!
Manrique, partamos ya,
no perdamos un instante.

Dentro. ¡Ay!

Leonor. Esa voz penetrante...
¡Si no fuera tiempo ya!
(Al querer partir se oye tocar un laúd; un momento después
canta dentro Manrique.
)
Despacio viene la muerte,
que está sorda a mi clamor;
para quien morir desea
despacio viene, por Días.
¡Ay! Adiós, Leonor,
Leonor.

Leonor. ¡El es; y desea morir
cuando su vida es mi vida!
¡Si así me viera afligida
por él al cielo pedir!...

Manrique, dentro. No llores si a saber llegas
que me matan por traidor,
que el amarte es mi delito,
y en el amor no hay baldón.
¡Ay! Adiós, Leonor,
Leonor.

Leonor. ¡Que no llore yo, cruel!
No sabe cuánto le quiero.
¡Que no llore, cuando muero
en mi juventud por él!
Si a esa reja te asomaras
y a Leonor vieras aquí,
tuvieras piedad de mí
y de mi amor no dudaras.
Aquí te buscan mis ojos,
a la luz de las estrellas,
y oigo, a par de tus querellas,
el rumor de los cerrojos.
Y oigo en tu labio mi nombre
con mil suspiros también.

Una Voz, dentro. Hagan bien para hacer bien
por el alma de este hombre.

Leonor. No, no morirás; yo iré
a salvarte; del tirano
feroz la sangrienta mano
con mi llanto bañaré.
¿Temes? Leonor te responde
de su cariño y virtud.
¿Aún dudas con inquietud?
(Apura el pomo.)
Ya no puedo ser del Conde.[85]

ESCENA III