Leonor. Bien sabéis cuanto le amé;
mi pasión no se os esconde...
Nuño. ¡Leonor!
Leonor. ¿Qué he dicho? No sé,
no sé lo que he dicho, Conde;
¿queréis?... le aborreceré.
¡Aborrecerle! ¡Dios mío!
Y aún amaros a vos, sí,
amaros con desvarío
os prometo... ¡Amor impío,
digno de vos y de mí!
Nuño. Es tarde, es tarde, Leonor.
¿Y yo perdonar pudiera
a tu infame seductor,
al hijo de una hechicera?
Leonor. ¿No os apiada mi dolor?
Nuño. ¡Apiadarme! Más y más
me irrita, Leonor, tu lloro,
que por él vertiendo estás;
no lo negaré, aún te adoro,
mas perdonarle... jamás.
Esta noche, en el momento...
Nada de piedad.
Leonor, con ternura. ¡Cruel!
¡Cuando en amarte consiento!
Nuño. ¿Qué me importa tu tormento,
si es por él, sólo por él?
Leonor. Por él, don Nuño, es verdad;
por él con loca impiedad
el altar he profanado.
¡Y yo, insensata, le he amado
con tan ciega liviandad!
Nuño. Un hombre oscuro...