Leonor. Sí, sí...
nunca mereció mi amor.
Nuño. Un soldado, un trovador...
Leonor. Yo nunca os aborrecí.
Nuño. ¿Qué quieres de mí, Leonor?
¿Por qué mi pasión enciendes,
que ya entibiándose va?
Di que engañarme pretendes,
dime que de un Dios dependes,
y amarme no puedes ya.
Leonor. ¿Qué importa, Conde? ¿No fui
mil y mil veces perjura?
¿Qué importa, si ya vendí
de un amante la ternura,
que a Dios olvide por ti?
Nuño. ¿Me lo juras?
Leonor. Partiremos
lejos, lejos de Aragón,
do felices viviremos,
y siempre nos amaremos
con acendrada pasión.
Nuño. ¡Leonor... delicia inmortal!
Leonor. Y tú en premio a mi ternura...
Nuño. Cuanto quieres.