Azucena. No... bastante lo he deseado, pero el sueño huye de mis ojos.
Manrique. ¿Tenéis frío tal vez?
Azucena. No... te he oído suspirar a menudo... ven aquí... ¿Qué tienes?[90] ¿Por qué no me confías todos tus padecimientos? ¿Por qué no los depositas en el seno de una madre? Porque yo soy tu madre, y te quiero como a mi vida.
Manrique. ¡Mis padecimientos!
Azucena. He orado por ti toda la noche; es lo único que puedo hacer ya.
Manrique. Descansad un momento.
Azucena. Yo quisiera escaparme de aquí, porque me sofoca el aire que aquí respiro... porque van a matarme. Pero tú me defenderás, tú no consentirás que te roben a tu madre.
Manrique. ¡Gran Dios!
Azucena. Pero estoy afligiéndote, ¿es verdad?
Manrique. No; decid, decid lo que queráis.