Leonor. ¿Qué debí hacer? Si supieras
lo que he sufrido por ti,
no me insultaras así,
y a más me compadecieras.
Pero, huye, vete, por Dios,
y bástete ya saber
que suya, no puedo ser.
Manrique. Pues bien, partamos los dos,
mi madre también vendrá.
Leonor. Tú solamente.
Manrique. No, no.
Leonor. Pronto, vete.
Manrique. ¡Solo yo!
Leonor. Que nos observan quizá.
Manrique. ¿Qué importa? ¡Aquí moriré,
moriremos, madre mía!
Tú sola no fuiste impía
de un hijo tierno a la fe.
Leonor. ¡Manrique!
Manrique. Ya no hay amor,
en el mundo no hay virtud.