Guillén. ¿Quién? ¡Mi hermana!

Manrique. Ya no palpita el corazón; sus ojos ha cerrado la muerte despiadada. Apartad esas luces; mi amargura piadosos respetad... no me acordaba...

(A don Nuño.)

¡Sí; tú eres el verdugo! Acaso buscas una víctima... ven... ya preparada para la muerte está.

Nuño. Llevadle al punto, llevadle, digo, y su cabeza caiga.

(Varios soldados rodean a Manrique.)

Manrique. Muy pronto, sí...

Nuño. Marchad...

Manrique. ¿Qué miro! Vamos...

(Reparando en Azucena.)