—¡Cuán tarde ya para la dicha mía!—

Y luego, al caminar, como quien siente

alas de otra ilusión:

Y todavía

¡yo alcanzaré mi juventud un día!


JARDÍN

Lejos de tu jardín quema la tarde

inciensos de oro en purpurinas llamas,

tras el bosque de cobre y de ceniza.