de las hinchadas yemas del ramaje,

y flores amarillas, blancas, rojas,

bariolaban la mancha del paisaje.

Y era una lluvia de saetas de oro

el sol sobre las frondas juveniles;

del amplio río en el caudal sonoro

se miraban los álamos gentiles.

—Tras de tanto camino, es la primera

vez que miro brotar la primavera,

dije; y después, declamatoriamente: