Entonces aquella hechicera comenzó a invocar los demonios, y hacer cuanto pudo por tornar el corazón del marido al amor de su mujer; mas esto no sucedió como ella quería, por lo cual se enojó contra los diablos, porque demás de hacerle perder la ganancia que ya le habían prometido, parecía que la menospreciaban, y comenzó a hacer su arte contra la cabeza del mezquino del marido, para lo cual llamó el espíritu de una mujer muerta a hierro, que le viniese a asombrar o matar.

Aquí, por ventura, tú, lector escrupuloso, reprenderás lo que yo digo, y dirás así: Tú, asno malicioso, ¿dónde pudiste saber lo que afirmas y cuentas que hablaban aquellas mujeres en secreto, estando tú ligado a la piedra de la tahona y tapados los ojos?

A esto respondo: Oye ahora, hombre curioso, en qué manera, teniendo yo forma de asno, conocí y vi todo lo que se hacía en daño de mi amo:

Un día casi a mediodía, súbitamente, cerca de la tahona, pareció una mujer muy fea y disforme, vestida de muy sucio y vilísimo hábito, los pies descalzos, flaca y muy amarilla, los cabellos medio canos, llenos de ceniza y desgreñada, colgando las greñas ante los ojos. Esta mujer diablo echó mano del tahonero, como que le quería hablar secreto, y llevolo a su cámara, y cerrada la puerta, tardaba mucho, y como ya se acababa de moler todo el trigo que estaba en las tolvas, los mozos tenían necesidad de pedir más, y fueron a la puerta del palacio, que estaba cerrada por dentro, y llamaron a su señor, que viniese a dar trigo, y como nadie les respondía, comenzaron a dar golpes a la puerta recio, y como estaba fuertemente cerrada, sospechando algún mal, con una palanca arrancaron la puerta.

Cuando entraron dentro, la mujer no pareció; pero hallaron a su señor ahorcado de una viga del aposento, el cual descolgaron con muchos llantos. Hechas sus obsequias, lleváronlo a enterrar.

Otro día vino una su hija de otro lugar, donde era casada, mesándose y dándose puñadas en los pechos, la cual sabía de la desdicha que había acontecido a su padre, sin que persona se lo hubiese dicho; mas en sueños le había aparecido el espíritu de su padre muy lloroso, atada la soga a la garganta, y le contó toda la maldad y traición de su madrastra, del adulterio que le acometía, de los hechizos, y de cómo lo hizo descender a los infiernos, endemoniado; la cual, como se fatigaba mucho llorando y gimiendo, los familiares de casa la consolaron e hicieron que diesen espacio a su corazón y al dolor.

Después, pasados los nueve días, hechos todos los oficios al difunto, sacaron a vender en almoneda toda la ropa y bestias como bienes de herencia.

V.

Cómo Lucio cuenta que lo vendieron a un hortelano, y de sus miserias, y lo que acaeció con un caballero.

A mí, desventurado y mezquino, me compró en aquella almoneda un hortelano por cincuenta dineros, el cual decía que era gran precio; mas que me había comprado tan caro por buscar de comer para sí y para mí.