«Héroe glorioso, salido de patria oscura; tu nombre es célebre, tu alma está llena de sabiduría, tú guías a los griegos y sabes vengarles de Ilión, hijo de Laertes...»

Solo en último caso habla de su padre, y solo oís alabanzas que le son personales. Ninguna de ella llega a Laertes, ni a Anticlea, ni a Arcesio; todo el elogio corresponde a Ulises.

Homero, hablando de este héroe, dice lo mismo; le da por compañera la prudencia, designada, según costumbre de los poetas, con el nombre de Minerva. Con ella vence todos los obstáculos y evita todos los peligros; penetra en el antro del Cíclope, y sale de él; ve los bueyes del sol, y no los toca; desciende a los infiernos, y vuelve a la tierra. Con la sabiduría pasa Escila sin ser arrastrado, salva los remolinos del Caribdis sin ser sumergido; bebe la copa de Circe sin ser metamorfoseado; llega a la tierra de los Lotófagos sin permanecer allí, y oye a las Sirenas sin acercarse a ellas.

NOTAS

[1] Chassang, Histoire du roman dans l’antiquité grecque et latine.

[2] Nicolás Maquiavelo.

[3] Este rey era Diomedes. Hércules le venció y castigó con el mismo suplicio que hacía sufrir a sus huéspedes, entregándole a la voracidad de sus caballos.

[4] Cuando los esclavos habían cometido algún delito o se les capturaba por haber huido, sus dueños los hacían marcar en la frente con un hierro candente, imprimiéndoles así letras, y a veces palabras enteras indicando la clase del delito. Por ejemplo, si habían robado, la frase Cave a fure. Guárdate del ladrón. Estos caracteres los ennegrecían con una especie de tinta para que fuesen más perceptibles.

[5] Homero.

[6] Se refiere indudablemente a Cartago.