ARGUMENTO.
Andando Lucio Apuleyo mirando la ciudad de Hipata, se conoció con una tía suya; era dueña muy rica; y cómo fue avisado de ella que se guardase de la mujer de Milón, porque era grande hechicera. — Y cómo se enamoró de la moza de casa. — Y de un convite que le hizo su tía, donde infiere cosas graciosas y de placer. — Y cómo guardando uno a un muerto, le cortaron las narices y orejas. — Después, cómo Lucio Apuleyo tornó de noche a su posada cansado de haber muerto, no a tres hombres, mas a tres odres.
I.
Cómo andando Lucio Apuleyo por la ciudad se conoció con una su tía, que le dio algunos avisos.
Viniendo la mañana, yo me levanté con ansia y deseo de saber aquellas cosas que son raras y maravillosas, pensando entre mí que estaba en aquella ciudad tan populosa, y que era nombrada por todo el mundo de haber en ella muchos encantamentos de arte mágica.
También consideraba en aquella fábula de Aristómenes mi compañero, la cual había acontecido en aquella ciudad. Y así andaba escudriñando todas las cosas que veía. Y no había cosa que, mirándola yo, creyese ser lo que veía; mas parecíame que todas con encantamento estaban tornadas en otra figura. Andando así, atónito, no hallando principio a lo que deseaba, halleme en la plaza de Cupido, a donde vi venir una dueña con una buena compañía de servidores, vestida de oro y seda y piedras preciosas. Venía a su lado un viejo honrado, el cual, como me vio, dijo:
—En verdad, este es Lucio.
Y diome paz; y llegándose a la oreja de la dueña, no sé qué le habló, que, volviéndose a mí, dijo:
—¿Por qué no te llegas a tu madre y le hablas?
Yo le respondí: