De esta manera Telefrón enojado, Birrena con mucha instancia le rogaba y juraba por su vida que, aunque fuese contra su voluntad, se lo recontase y dijese; así que él hizo lo que ella mandaba, y dijo de esta manera:

—Siendo yo huérfano de padre y de madre, partí de Mileto para ir a ver una fiesta Olimpia, y oyendo decir la gran fama de esta provincia, deseaba mucho verla. Así que, andando toda Tesalia, llegué a la ciudad de Larisa con mal agüero de aves negras. Y andando mirando por todas partes las cosas de allí, ya que se me enflaquecía la bolsa, comencé a buscar el remedio para mi pobreza, y andando así, veo en medio de la plaza un viejo que a voces altas decía:

—Si alguno quisiere guardar un muerto, avéngase conmigo en el precio.

Yo pregunté a uno de los que pasaban:

—¿Qué cosa es esta? ¿Suelen aquí guardar los muertos?

Respondiome aquel:

—Calla, hermano, que bien pareces extranjero, y por eso no sabes que estás en medio de Tesalia, donde las mujeres hechiceras les cortan narices y orejas, porque con esto hacen sus artes y encantamentos.

Yo entonces le dije:

—Dime, por tu vida, ¿y qué guarda es esta de los difuntos?

Él me respondió: