Después que su marido desapareció, desesperada se echó en un río que allí cerca estaba; pero el río, por honra del dios de amor, cuya mujer ella era, tomola encima de sus ondas sin hacerle algún mal, y púsola sobre las flores y hierbas del campo.
Acaso el dios Pan, que es dios de las montañas, estaba asentado en un otero cerca del río, enseñando a tañer una flauta a la ninfa Caña, y viendo a Psique tan desmayada y llena de dolor, llamola, y halagándola con buenas palabras, le dijo:
—Doncella hermosa, bien veo que andas fatigada de dolor; mas no se puede resistir a los crueles hados, por tanto, ten paciencia, y no vuelvas a echarte en el río ni te mates con ningún otro género de muerte. Antes procura aplacar con plegarias al dios Cupido, que es el mayor de los dioses, y trabaja por merecer su amor, con servicios y halagos, porque es mancebo delicado y muy regalado.
V.
Cómo Psique fue a sus hermanas a quejarse de su desdicha mala, y del castigo que sus hermanas recibieron.
Hablando de esta manera el dios Pan a Psique, ella, sin responderle palabra, comenzó a caminar por una senda que allí vio, y tanto anduvo, hasta que llegó a una ciudad, adonde era el reino de una de sus hermanas. La cual hermana, como supo que estaba allí Psique, mandola entrar. Y después que se hubieron abrazado ambas a dos, preguntole qué era la causa de su venida. Psique le respondió:
—¿No te recuerdas tú, señora hermana, el consejo que me disteis ambas a dos, que matase aquella grande bestia que conmigo se acostaba, antes que me tragase, para lo cual me diste una navaja? Y como yo quisiese poner por obra vuestro consejo, saqué el candil, y luego que miré su gesto y cara, veo una cosa divina y maravillosa, al hijo de la diosa Venus, digo al dios Cupido, aquel dios de amor que estaba hermosamente durmiendo, y como yo estaba pasmada de ver un dios tan hermoso y tan resplandeciente, acaso cayó una gota de aceite hirviendo del candil sobre su hombro, y con el dolor despertó; y como me vio armada con hierro y fuego, díjome:
—¿Cómo has hecho tan gran maldad y traición? Anda, vete luego de mi casa, que yo casaré con una de tus hermanas, y la dotaré de más ricas piezas que a ti.
Y diciendo esto, mandó al viento cierzo que me pusiese muy lejos de su casa.
No había acabado Psique de hablar estas palabras, cuando la hermana, incitada de envidia inmortal, compuesta una mentira para engañar a su marido, diciendo que había sabido de cómo su padre estaba a la muerte metiose en una nao, y fue navegando hasta que llegó a aquel risco, en el cual subida, dijo: