—Ciertamente, él debe amar a aquella Psique, que pensaba tener mi gesto y era envidiosa de mi nombre; de lo que más tengo enojo en este negocio, es que me hizo a mí alcahueta, porque yo le mostré y enseñé por dónde conociese a aquella moza.

De esta manera, riñendo y gritando, prestamente se salió de la mar y fuese luego a su cámara, a donde halló a su hijo malo, según lo había oído, y desde la puerta comenzó a dar voces, diciendo de esta manera:

—Honesta cosa es, y que cumple mucho a nuestra honra y fama, lo que tú has hecho parecerte buena cosa, menospreciar y tener en poco los mandamientos de tu madre, dándome pena con los amores de mi enemiga que tenía robada en el mundo mi honra y honor. ¿Piensas tú que tengo yo de sufrir, por amor de ti, nuera que sea mi enemiga? Pero tú, mentiroso y corrompedor de costumbres, presumes que tú solo eres engendrado para los amores, y que yo no podré parir otro Cupido; pues quiero ahora que sepas que yo podré engendrar otro hijo mucho mejor que tú; y aun porque más sientas la injuria, adoptaré por hijo a alguno de mis esclavos y servidores, y darle he alas y llamas de amores, con el arco y las saetas y todo lo otro que a ti di.

Después que Venus hubo dicho esto, saliose fuera muy enojada diciendo palabras de enojo; pero la diosa Ceres y Juno, como la vieron enojada, la fueron a acompañar, y la preguntaron qué era la causa por que traía el gesto tan turbado, y los ojos, que resplandecían (de tanta hermosura), traía tan revueltos mostrando su enojo.

Ella respondió:

—A buen tiempo venís para preguntarme la causa de este enojo que traigo, aunque no por mi voluntad, sino porque otro me lo ha dado; por ende, yo os ruego que con todas vuestras fuerzas busquéis a aquella huidora de Psique doquier que la hallareis, porque yo bien sé que vosotras sabéis toda la historia de lo que ha acontecido en mi casa con este hijo que no oso decir que es mío.

Ellas, sabiendo las cosas que habían pasado, deseando amansar la ira de Venus, comenzáronle a hablar de esta manera:

—Qué, ¿tan gran delito pudo hacer tu hijo, que tú, señora, estés contra él enojada con tan gran pertinacia y melancolía, y que a aquella que él mucho ama tú la desees destruir? Rogámoste que mires bien si es crimen para tu hijo que le pareciese bien una doncella; ¿no sabes tú que es hombre? ¿Hásete ya olvidado cuántos años tiene tu hijo, o porque es mancebo y hermoso tú piensas que es todavía muchacho? Tú eres su madre y mujer de seso, y siempre has experimentado los placeres y juegos de tu hijo, ¿y tú culpas en él y reprendes sus artes y amores, y quieres cerrar la tienda pública de los placeres de las mujeres?

De esta manera ellas querían satisfacer por el dios Cupido, por miedo de sus amorosas saetas. Mas Venus, viendo que burlaban de ella, las dejó con la palabra en la boca y se volvió a la mar, de donde había salido.

LIBRO VI.