No se conocen más detalles de la vida de Apuleyo. Sábese únicamente que murió en el reinado de Antonino, el año 184 de J. C.
Deseoso Apuleyo de que sus obras llegaran a la posteridad, dejó coleccionadas las flores de su elocuencia, panegíricos en verso y prosa, novelas, himnos en honor de los héroes y diversos tratados de filosofía; pero perdidas muchas de estas obras, y entre ellas todas las poéticas, solo han llegado a nosotros su Metamorfosis, o como vulgarmente se la llama, El asno de oro, los fragmentos de sus discursos y arengas, llamados Las floridas, su Apología y dos tratados sobre las opiniones del Pórtico y de la Academia, la filosofía de Sócrates y la de Platón.
Durante largo tiempo solo fue conocido de Apuleyo El asno de oro, y aun hoy día es esta obra la que mantiene su fama.
«El asno de oro, dice Schœll en su historia de la literatura latina, es una novela satírica en la cual se burla Apuleyo con mucho ingenio y originalidad de las ridiculeces y vicios que dominaban en su siglo, de la general superstición, de la inclinación a lo maravilloso y a la magia, de la trapacería de los sacerdotes del paganismo y de la mala policía en el Imperio romano, que permitía a los ladrones ejecutar impunemente toda clase de fechorías.
»El héroe de la novela, cuya curiosidad y lubricidad son castigadas al ser convertido en asno, corre aventuras que le ponen en relación con diversas clases de individuos, y le dan a conocer lo que pasa en el interior de las casas y en las sociedades más secretas. Las abominaciones cubiertas con el velo de sagrados misterios, están pintadas con vivos colores. Termina la novela con una bella descripción de los misterios de Isis, en los cuales es iniciado el héroe, depurando con ellos sus debilidades y regenerándose.»
II.
El origen de este género de novelas de amor y de aventuras es preciso buscarlo en la primitiva literatura de Grecia y Roma. Adviértense los lejanos principios de esta literatura en la época ática, y puede seguirse su oscuro desarrollo en la alejandrina, pero no se le ve florecer hasta la romana[1].
La diferencia de costumbres y de sociedades explica el tardío favor de la novela entre los antiguos, género literario tan popular en nuestros días, distinto de la historia por la mezcla de la ficción y la escasa importancia de los acontecimientos, distinto de la poesía por el empleo de la prosa y por la pintura de la vida familiar.
En los modernos pueblos, los progresos de las ciencias y los estudios abstractos han agotado no poco las fuentes de las fábulas poéticas; y la constitución política de los grandes Estados de Europa, aun de aquellos en que los ciudadanos no tienen directa intervención en el gobierno, no permite que la vida pública absorba por completo la privada.
En Grecia y Roma, al contrario, solo muy tarde llegó a hastiarse la imaginación de lo maravilloso de las fábulas épicas, cuadro casi siempre ideal de la vida, y mientras la turbulenta libertad de las pequeñas repúblicas griegas y de la ciudad de Roma consumía en el Ágora y el Foro la existencia de casi todos los ciudadanos, el cuadro de las circunstancias ordinarias de la vida privada fue impotente para seducir los ánimos.