—Aun ahora la cara de mi marido y tu amigo se representa ante mis ojos, y aún el olor de su cuerpo dura en mis narices; por ende me parecía bien que aguardases el tiempo que es honesto para el luto y llanto que cualquier noble matrona es obligada a hacer legítimamente por su marido, a lo menos hasta que se cumpla el año, y esto conviene a mi honra y a tu provecho y salud.

Trasilo, no satisfecho con estas palabras, ni contento con el prometimiento que le hacía, al cabo de muy poco tiempo tornó a porfiar, diciendo palabras lastimeras con su lengua maldita, hasta tanto que Carites, vencida de su importunidad, con gran disimulación comenzó a decir de esta manera:

—Trasilo, tú me has de otorgar lo que ahora te pido, y es que por algunos días secretamente seamos en uno, en tal manera, que ninguno de los familiares de casa lo sienta hasta que pasen algunos días en que se cumpla este año.

Mas Trasilo, cuando esto oyó, oprimido de la engañosa promesa de la mujer, concedió alegremente por cumplir toda su voluntad con ella a hurto.

Ella le dijo:

—Mira bien tú, Trasilo, que lo hagas discretamente: cubierta la cabeza con tu capa, y sin compañía, vendrás a mi puerta al primer sueño, y solamente con un silbido que des, te abrirá la puerta esta mi ama, que te estará esperando; y como entrares, ella te llevará a mi cama.

Cuando esto oyó Trasilo, plúgole mucho de la manera que le decía de sus bodas mortales; y no sospechando otra alguna mala cosa, sino turbado con el deseo, se quejaba porque la noche no venía.

En fin, después que el sol dio lugar a la noche, Trasilo, aparejado como le había mandado Carites, vino a la hora, y engañado por la vieja ama que luego le abrió, lleno de placer y gozo se echó en la cama. Entonces la vieja, por mandado de su señora, le comenzó a halagar y hacer caricias, y secretamente sacando un jarro de vino, que tenía mezclado con cierta medicina para darle sueño, de allí con una copa le dio a beber tres o cuatro veces, fingiendo que su señora se tardaba porque estaba allí su padre enfermo y ella estaba cerca de él hasta que reposase.

De esta manera Trasilo, bebiendo de aquel vino, seguramente, y con aquel deseo que tenía, fácilmente la vieja lo enterró en un profundo sueño.

Estando él ya aparejado para sufrir todas las injurias que le quisiesen hacer, durmiendo de espaldas, la vieja llamó a Carites, la cual, con esfuerzo varonil, se llegó a aquel cruel matador, diciendo de esta manera: