EL CHORICERO.

¿Por qué, buen hombre, te burlas de mí y no me dejas lavar estas tripas ni vender estos chorizos?

DEMÓSTENES.

¿Qué tripas? ¡Insensato! mira allí. ¿Ves esas filas de ciudadanos?[274]

EL CHORICERO.

Las veo.

DEMÓSTENES.

Pues bien, tú serás su jefe, y el jefe del mercado, y de los puertos y de la Asamblea; pisotearás al Senado; destituirás a los generales, les cargarás de cadenas, los reducirás a prisión y establecerás tu mancebía en el Pritaneo.

EL CHORICERO.

¿Yo?